julio 12, 2018 | By: Sabrina Knight

Prometo no besarte


La chica lo miró sin entenderlo. Frunciendo el entrecejo, molestándose.

- ¿De qué hablas?
- ¿Quién eres Nicole?
- No te entiendo... ¿Estás bien?
- No... no lo estoy...

Zack se hizo atrás sin mirar bien a la chica. Nicole sintió algo como un escalofrío, un presentimiento terrible al darse cuenta que era posible de que Zack la hubiera descubierto.

- ¡Basta! - grito molesta - ¿Qué te pasa? De haber sabido que te ibas a portar así de idiota...
- ¿Idiota? - preguntó irónico - Nicole... - la tomó de los hombros y volvió a sentir el ligero frío de su piel. Estaba fría, a pesar de que en ese momento el sol les pegaba a los dos justo en la cabeza. Cruzó por su mente una absurda idea... pero era absurda.

La chica se soltó exacerbada, fúrica, nada le estaba saliendo como ella quería.

- ¿Qué demonios te pasa, grandísimo idiota? - Se puso a la defensiva, sabía que algo malo pasaba y no estaba preparada para algo así. - Si no sabes quién soy, ¡tírate por la borda!

Zack estúpidamente volteó a ver la orilla del barco, le vino a la mente de nuevo el rostro de ese ángel que ahora estaba lleno de rabia. Seguía sin entender nada, pero todo aquello que le cruzaba la cabeza era absurdo. Recordó a la mujer, Mónica, no era la primera vez que la veía, pero si era la primera que podía sentir algo en ella.

De nuevo la absurda idea de la magia.

- ¿Sabes qué? Te voy a regresar a la orilla. Digo, si no sabes quién soy, lo mejor es que te alejes de mi - y sin que Zack se lo permitiera la tomó de la muñeca. Nicole se quedó petrificada contra su voluntad, como si la mano de Zack se lo hubiera ordenado.
- No digas eso. - Zack la soltó y la chica se liberó de sentirse como piedra. - Nicole, claro que sé quien eres... - Nicole palideció, Zack sabía que ella era inmortal. - eres la novia de Daniel.

Y entonces, por primera vez desde que habían tocado sus labios por primera vez se escuchó el nombre de Daniel, el novio de Nicole, y el mejor amigo de Zack. A quien Zack acababa de darse cuenta que había traicionado.

Los dos por inercia bajaron la mirada. Tanta había sido la magia del momento desde que se besaron la primera vez, que habían olvidado a la persona que se supone que ambos deberían gran lealtad. Nicole se hizo para atrás y se encogió abrazándose con sus propios brazos. Zack desvió la mirada y sintió una horrible compresión en su estómago. Había traicionado a Daniel.

Ambos lo habían hecho.

- ¿Te digo la verdad? - dijo Zack rompiendo el silencio... - lo olvidé.

Nicole esbozó una ligera sonrisa sintiéndose culpable.

- Yo también.

Ambos sonrieron avergonzados.

- ¿Cómo es que lo pudimos olvidar?
- No lo sé... - la chica caminó hacia la borda y se recargó en el yate, Zack la siguió y ambos se recargaron mirando el horizonte. - Creo que me dejé llevar.
- Fue tan... no lo sé, mágico. ¡Dios! tengo que dejar esa palabra en paz.
- ¡Sí! ¡Caray, todo es mágico para ti! - Nicole soltó una carcajada - eres tan cursi.

Los dos se empezaron a reír, se miraron con complicidad.

- Somos tan tontos.
- Tú serás el tonto - reclamó la rubia - yo, yo sólo fui una víctima.
- ¿Victima?
- ¡Claro! Tú fuiste el que empezó todo.
- ¿Yo? Claro que no, fuiste tú! ¿Quién fue la que se brincó hasta mi balcón, eh?
- Si, bueno, es que las clases de salto son muy efectivas.
- ¡Uy si! Mira qué oportunas clases.
- Soy una gimnasta de excelencia... - Nicole hizo un ademán de su fuerza y ambos volvieron a reír.

De pronto los dos volvieron a quedar en silencio.

- ¿Qué vamos a hacer? - preguntó ella.
- Vamos a tener que hablar con Daniel.
- ¿Y si sólo hablas tú con él?
- ¿Y que me mate solo a mi? Estas loca.
- Es un pequeño sacrificio que tendrás que hacer por nuestro amor.

Zack se quedó mudo, Nicole se había dado cuenta muy tarde de lo que había dicho:
"nuestro amor". A pesar de todo lo que habían estado juntos ese día, ninguno de los dos había dicho esa palabra.

¿Es que se amaban?

- Prometamos algo... - dijo ella colocándose muy firme frente al chico, levantó la mano - prometo que en lo que resta de nuestra estadía juntos, no te volveré a besar. - Zack la miró desconsertado - vamos, si vas a sacrificarte diciéndole a Daniel, es justo que también sacrifiquemos esto. ¡Levanta la mano!

Zack levantó la mano, pero la volvió a bajar.

- Anda, yo no quiero que le hagamos más daño a Daniel, después de decirle... bueno, ya comprobaremos entonces tus dotes... de galán, claro. - Zack sonrió avergonzado, pero desdibujó la sonrisa... - Repite después de mi: Yo, Zacarías...
- Yo, Zacarías...
- Prometo que no besaré a Nicole en lo que resta de nuestra estadía juntos...
- Yo Zacarías, prometo que no besaré a Nicole en lo que resta de nuestra estadía juntos... - Nicole bajó la mano y sonrió tímidamente, Zack también lo hizo. - Prometo no besarte, después de esto...

Zack jaló a Nicole a su cuerpo, sus labios se tocaron y ambos no pudieron resistirse a fundirse en un beso apasionado, en un extraño beso que se sentía que ya se habían dado, un beso que parecía una despedida, aunque ambos creyeran que no sería así... aunque se sentía.

Ninguno de los dos quería separarse, sabían que aunque hubieran hecho una promesa, querían seguir juntos, a pesar de sentir que traicionaran a alguien especial para los dos.

Ambos quedaron abrazados.

- Juro que pronto nos volveremos a besar. - prometió Zack lleno de una extraña tristeza que lo envolvía.
- Más te vale... - dijo Nicole aun abrazada a él, pensando que no volvería a esperar otra eternidad para estar con él.
julio 11, 2018 | By: Sabrina Knight

Cuando vió a un Ángel

Nicole guió a Zack a un pequeño pueblo cerca de la cabaña en la que habían estado ambos. Cuando Zack le preguntó a dónde quería llevarlo, ella sólo respondía:

- A los secuestrados no se les dice a dónde se les lleva.

Así que con la incógnita Zack siguió a la rubia. Al fin habían llegado a ese pueblito, donde estaba el pequeño puerto que embarcaba sólo un bote con motor. Zack miró a la chica bastante desconsertado, de todas las cosas que envolvían la personalidad de Nicole, esa era la menos fashionista de todas. En realidad era bastante sencillo, y un poco oxidado.

Nicole habló con uno de los hombres que estaban en el puerto, un anciano le saludó con bastante familiaridad, caminó y entró a su casa y salió con unas llaves. Nicole le dio un beso en la mejilla y fue con Zack.

- Listo ¿vamos? - Zack asintió y Nicole lo llevó de la mano.

Ambos subieron a ese bote, Nicole tomó el mando y arrancó sin decirle nada a su acompañante. Zack estaba algo decepcionado respecto a esa parte del viaje, pensaba que tal vez Nicole hubiera tenido preparada una sorpresa, un trasatlántico escondido en la maleza, o algo extraordinario como ella. Nicole llevó a Zack a una de las orillas más lejanas, en las cuales ya se podía ver que cruzaba una parte de bosque.

- ¿A dónde dijiste que vamos?
- No te dije.

Nicole paró el bote justo en la orilla, bajó primero y con un ademán alentó a Zack a bajarse de él. No muy convencido la siguió y tomó su mano. Ambos se acercaron a unos arboles frondosos que escondían tras de él una pequeña cueva. Zack por un instante se resistió a entrar, pero entonces Nicole lo malmiró.

- No me digas que te da miedo la oscuridad.
- No, lo que me da miedo es que me lleves a un templo donde me vayas a sacar el corazón.
- Mmm... no es mala idea, pero no, hoy no.

Al fin entraron y Zack se dio cuenta que no era una cueva común, en realidad era sólo un arco que daba paso a una bahía enorme. Ahí estaba un gran yate lujoso, justo del estilo de Nicole. La chica jaló del brazo a Zack y lo llevó al yate.

- Yo no entiendo - dijo Zack ya cuando estaban arriba - ¿Cómo lo haces? ¿Cómo es posible que tengas tanto? ¿De dónde sacas un Yate?
- De mi varita mágica - Zack puso ojos de plato, Nicole se rió y le dio un zape en la frente - idiota, ¡Soy rica!
- Es que, por más rica que seas... esto parece imposible.
- Pues créelo... - le dio un beso en los labios y se subió al timón. - ¿Listos marineros?

Y sin responder nadie Nicole arrancó el yate. Zack se quedó en la borda mirando cómo arrancaban, como la bahía se iba quedando pequeña mientras los dos se alejaban de la costa. Miró a la chica que tenía el control de la nave, la miró impresionado, su cabello ondulado se despeinaba con el viento que le pegaba en el rostro. Tan segura, tan firme, tan linda...

Era como si ya la hubiera visto así antes...


Respiró fuerte, oliendo el mar, el puerto de Venecia estaba ya cerca y él estaba ancioso por llegar al fin. Había recibido una carta de Mónica: 

"Ya no tardes, por favor"


Le pedía en ella, así que concluyó sus pendientes, terminó la relación por conveniencia que había creado con una vieja mujer que había financiado su cómoda vida, ahora era de nuevo, un nuevo millonario y viudo hombre. Era libre para ir con la mujer de su vida. Ella se había alejado unos cinco años en búsqueda de un nuevo patrocinador al cual llamar "esposo", cómo odiaba que ella tuviera que hacer eso, pero era un trato que habían hecho los dos. 


Esa era la vida que habían aceptado hacer.


El puerto estaba cada vez más cerca, así que fue a su camarote, tomó su valija llena de pociones, hierbas y flores, y desembarcó con el único pensamiento en su mente: Mónica.


En esta ocasión no sabía qué pariente diría que es, tal vez un primo, quizás diría que es su hermano, bueno, eso en realidad daba igual, siempre y cuando Mónica, en la oscuridad fuera suya y al final ambos, como siempre, pudieran huir para vivir cómodamente, ricos, viudos y eternos.


Entonces un grupo de niños pasó corriendo delante de él, tirando su valija. 


- ¡Idiotas! - y con un movimiento de mano, el niño que lo había golpeado cayó pegándose en la cara. Arturo sonrió con maldad, pero satisfecho y siguió su camino. 


No podía evitarlo, las muchachas del lugar volteaban a verlo, no es que fuera guapo, ni mucho menos, pero tenía ese efecto, la fuerza de su magia era tan poderosa que las mentes débiles actuaban como polillas a la luz con su pasar.  Amaba ser así.


En ese momento vió cómo venía caminando elegantemente Mónica, su rostro hermoso, su bella figura, sus ojos carmesí seguían siendo los mismos, a pesar de que sabía que ella jamás cambiaría, tenía la facultad de mirar algo nuevo en ella. 


No pudo evitar correr a ella y abrazarla, la mujer correspondió el abrazo emocionada, fuera de protocolo, de su actuar diario, pero no podía evitarlo con la emoción de ver a su amante.


Cuando ambos se soltaron, se dio cuenta Arturo que había dos hombres a su lado.


- Hijos, - Arturo la miró sorprendido - él es mi hermano, Arturo.


Ambos jóvenes miraron con recelo al hombre quien los trató con familiaridad. Arturo se dio cuenta de que el mayor estaba enamorado de Mónica, y el menor sospechaba de los "hermanos". 


"Yo me encargaré de él después" le dijo Mónica en sus pensamientos, a lo que Arturo solo sonrió.


- ¿Y tu esposo? ¿Dónde está él?

- Está con mi hija, la menor de los tres. Ahora viene... de hecho, - Mónica volteó y señaló un barco cercano, ahí estaba un hombre grande, fuerte, con rostro cuadrado y barba abundante, estaba a contraluz y de ahí Arturo no lo podía ver a detalle, el sol lo cegaba. Entonces, junto a él, notó que estaba alguien más: una hermosa muchacha rubia.

Se quedó mudo al verla, su cabello ondulado se movía con la fuerza del viento provocando que la despeinara. Pudo ver sus ojos verdes a lo lejos, su bello y perfecto rostro, su sonrisa angelical, y su inocencia al abrazar a su padre. El estómago de Arturo se revolvió, sus mejillas se sonrosaron y un extraño suspiro abarcó su pecho. 


Había visto un Ángel. 


Mónica se percató de que no apartaba la mirada del lugar, frunció el ceño y entró a la mente de su amante, se percató que miraba al padre y a la hija, pero no pudo definir lo que él estaba sintiendo. Arturo finalmente volvió a los ojos de Mónica cuando padre e hija bajaron del barco.


- Mi Esposo es comerciante, marinero de vocación, su familia es dueña de toda la flota que ves aquí. 

- Felicidades - expresó tratando de volver en si a su amada - me da gusto saber que tienes que te provea y no te desampare.
- Así es... él es, un gran proveedor. 

En ese instante llegó el esposo de Mónica y su hija, Mónica fue cortés y los presentó. Arturo le agradeció al hombre el que sea un buen esposo para su "hermana", y en el momento que conoció a la chica, él se hincó y le dió un beso en su mano. La muchacha se sonrojó y aceptó el halago.


- Mucho gusto señor, nada más placentero que conocer al hermano de la mujer que me ha querido como su hija.

- El gusto es mío... signorina Nicole.


- ¿Zack? - Preguntó Nicole desconcertada - ¿Estás bien?
Zack no se dio cuenta, pero todo ese tiempo se había quedado como una piedra mirando hacia arriba la imagen de Nicole. Apenas volvió en si y miró con espanto a la chica.
- ¿Quién eres tu?
- ¿Disculpa?
- ¿Quién eres... Nicole?

julio 10, 2018 | By: Sabrina Knight

Desesperación

Estaba creciendo la desesperación de Daniel. ¿Dónde carajos estaba Nicole? ¿Por qué no le contestaba las llamadas? En un arranque de desesperación fue a casa de Nicole para buscarla.
El dolor de Nicole no podía durar más de dos días, por más que quería pensar que era normal, algo lo hacía sentir que no era así.

Se estacionó como pudo y se bajó con una impaciencia cruel.

- ¡Nicole!  ¡Nicole! ¡NICOLE! Nicole, carajo, ábreme, por favor amor... ¡Nicole! - pero no recibió ninguna respuesta.

¿Y si estaba dormida? ¿Y si en realidad su desesperación era en realidad un presentimiento de que algo se encontraba muy mal? ¿Y si le había pasado algo a Nicole?

- ¡NICOLE! - Daniel golpeó la puerta iracundo, con los peores pensamientos rondando su cabeza. Tenía que entrar, inmediatamente tenía que hacerlo. ¿Pero cómo?

¿Y si hablaba al 911? ¿A la policía? ¿A los bomberos? ¿A quién carajos le podía hablar? Entonces una idea le llegó a la cabeza. ¡Claro! Era tan obvio, que se golpeó la cabeza por no haberlo pensado antes.

Tocó el timbre de la casa de Zack, aun con calmada angustia. Nadie.

- ¡No es posible, carajo! - volvió a tocar el timbre exasperado - ¡Zack! ¡ZACK! ¡Por Dios, ábreme, es urgente! ¡Zacarías, Zack! ¡Zack!
- ¿Daniel? - preguntaron detrás de él, Daniel sintió un gran alivio.
- Señora, qué gusto verla ¿No está Zack?
- ¿Zack? No lo sé, ayer tuve guardia y no he visto ¿Qué pasa querido? ¿Estás bien?
- No señora, es que, verá, Nicole desde el viernes no sé nada de ella, dijo que se sentía mal y ya no me contesta las llamadas, no me abre la puerta, no sé si haya algo malo.
- ¡No me digas!
- Sí, por eso le quería pedir permiso si me dejaba brincar la ventana de Zack para poder ver si está bien.
- Pero claro Dani. Claro, pásate.
- Gracias señora.

Daniel subió corriendo las escaleras y entró al cuarto desarreglado de Zack, ignoró todo y se dirigió a la ventana. La abrió y se dio cuenta de que la distancia entre su ventana y la de su amada era demasiado como para sólo brincarla. En ese momento se odió por no estar en atletismo.  Trató de asomarse y vio que estaba cerrada la ventana, pero que las cortinas estaban corridas, su cama estaba vacía.

¿Dónde podría estar? Se quedó sentado en la cama de Zack tratando de pensar qué podía hacer para dar con Nicole.

- ¿Dani? - la tía de Zack se asomó por la puerta - No te puedes brincar, ¿verdad? - Daniel negó con la cabeza tristemente. - Qué bueno, porque creo que te tengo una pista.

La tía de Zack sonrió y le dio un papel escrito con una hermosa caligrafía a Daniel. Era la letra de Nicole.

Daniel se levantó de un brinco y leyó la nota. ¿Una emergencia?

- ¿A dónde fueron? ¿Dónde están?
- No lo sé Dani, le traté de marcar a Zack y nada. - Daniel estaba ya bastante angustiado y molesto. ¿Por qué no fue capaz de ir y acercarse a él que era SU NOVIO? ¿Por qué Zack? ¿Por qué tenía que enterarse así de esto? - Pero no te preocupes Dani, deben estar bien. Zack es un chico muy responsable.
- Responsable... - resopló - más le vale que no se aproveche de ella.
- ¿Pero cómo crees?
- Señora, me puedo quedar la nota?
- Por supuesto.
- Gracias ¿De verdad no tiene idea de dónde puede estar?
- No, revisé y el coche de Zack sigue en el garaje. No tengo ni idea.
- Está bien, gracias... - ambos salieron del cuarto de Zack. - Señora, y si sabe algo de ellos...
- Te llamo de inmediato, no te preocupes.
- Gracias señora.
- De nada Dani.

Daniel salió con la cabeza baja, pensando en dónde demonios podían estar esos dos. Más le valía a Zack que no se tratara de aprovechar de Nicole. El desgraciado se las iba a pagar, no debió de aventajar la situación con Nick... Las tripas del chico estaban desechas, la desesperación había cambiado, ahora ya no era la salud de Nicole, era que Zack fuera a sacar ventaja de su mujer.

Lo mataría apenas supiera de él.
octubre 03, 2016 | By: Anónimo

Un profundo beso.

Toda la noche Zack estuvo levantado de la cama, se quedó en la sala y prendió la chimenea, pero al sentirse encerrado, sólo salió de la cabaña quedándose recargado de un árbol con los ojos cerrados. No entendía qué había pasado, no sabía que estaba pasando, pero estaba empezando a comprender que él era especial, y no sólo porque se lo decía su tía, sino porque de verdad era especial.

Apenas abrió los ojos y  parecía que todo flotaba, él mismo sentía cómo podía detener las cosas en el aire, apenas con un sólo deseo. Ni siquiera era una serie de conjuros, de palabrerías chistosas, ni siquiera de ponerse a estudiar latín, sólo tenía que pensar las cosas para que estas se hicieran realidad.

Entonces se le ocurrió una cosa muy loca. Pensó en sus padres... ¿Podría hacerlos volver?

Cerró los ojos y pensó en su padre, ese hombre alto, imponente, amoroso, pero rígido al cual admiraba desde que tenía memoria. Y después pensó en su madre, bella cálida, con una sonrisa que lo hacía olvidar todo. Juntos eran increíbles, aunque a veces lo regañaran porque los desobedecía ya que no cumplían su capricho o su voluntad. Sin embargo, sus abrazos llenos de amor hacían que olvidara todo, recordó la seguridad que sentía con ellos, el apoyo, el cariño y la comprensión que jamás volvió después de que ellos tomaran ese fatídico autobús. ¿Podrían acaso volver? ¿Podría tener la oportunidad de despedirse por fin de ellos? ¿Podría pedirles perdón por haber hecho un berrinche tan terrible que los hizo cambiar su horario y en lugar de tomar el autobús de las 5 haber tomado el de las 3 que llegó sano y salvo a su destino a la misma hora en la que ellos perdieron la vida?

Apretó con más fuerza los ojos e ignoró el nudo que sentía en la garganta, la opresión del pecho y el ardor de ojos que lo querían hacer llorar. Deseaba de todo corazón que ellos volvieran, que regresaran, que estuvieran a su lado. "¡Vamos Magia!" pensó de nuevo antes de abrir los ojos.

Las hojas estaban caídas en el suelo, en el fondo se escucharon los bichos, grillos y moscos que ofrecía la paz del escondite de Nicole... pero ellos no estaban.

Respiró desilusionado, bastante. Claro que sus padres no revivirían por arte de magia... y era porque él no tenía magia, si la tuviera e hiciera su voluntad, ellos... bueno, ellos jamás se hubieran ido.

- ¿Zack? - Volteó hacia la puerta de la cabaña en donde Nicole estaba envuelta en una cobija, como si tuviera frío. Zack se dio cuenta que había sido un desconsiderado y se separó del árbol para volver a la chica que lo miraba desconcertada.

Zack tenía la mirada gacha, apenas mordiéndose el labio pudo ir levantando la vista hasta los ojos verdes de la rubia. La chica apenas pudo abrir la boca cuando Zack sin pensarlo de más la abrazó tratando con todas las fuerzas de no llorar. Nicole se sintió incomoda, mucho, de todas las cosas que pensó que ese fin de semana pasarían, jamás pensó terminar abrazada y consolando a un chico.

Recordó lo frustrante que le era Zack, lo poco que podía saber de él, lo poco que lo podía conocer. Como su mente se bloqueaba tratando de canalizar la suya. Era una tarea imposible siempre. Nicole suspiró molesta, pero Zack no lo notó, él pensó por un instante que ella estaba entendiendo que se sentía mal.

¿Y si lo que tenía Zack era de verdad magia? Pensaron los dos al mismo tiempo, pero por razones diferentes. Nicole pensó que tal vez era eso y que por eso jamás podía saber qué pensaba, en cambio Zack pensó que era su gran oportunidad de mostrarle sus pensamientos, claro, ignorando que Nicole podía hacerlo a voluntad a las mentes débiles.

Nicole buscó separarse, pero Zack la tomó con más fuerza, apenas separó su rostro y entonces la volvió a besar. Era raro, tal vez, pero no era raro por el mismo beso, sino porque en el momento en que cerraron los ojos Nicole pudo ver al fin en su cabeza.

Apenas pudo ver su ultimo pensamiento, su ultimo deseo. De pronto conoció el rostro de los padres de Zack tal y como él los recordaba. Sintió el dolor de la pérdida de Zack y al mismo tiempo los sentimientos de arrepentimiento, frustración y total deseo por verlos una vez más.

Nicole abrazó con fuerza a Zack y lo continuó besando con fuerza y deseo por conocerlo más, ver más allá de su ultimo deseo. Pero entonces Zack deseo otra cosa y Nicole pudo ver un rostro de un hombre maduro, lo recordaba, era amable, gentil, valiente, era su padre tomado del brazo de una mujer, una mujer fría, gélida y cruel.

Ambos se separaron de golpe, se miráron con la respiración agitada. Nicole había recuperado un recuerdo doloroso tan de golpe como había obtenido el recuerdo de Zack. Nicole se hizo para atrás y volvió a la casa, Zack fue tras de ella.

Nicole se colocó delante de una chimenea cuyo fuego estaba a punto de consumirse. Zack se puso detrás de ella y la abrazó. No sabían por dónde empezar a hablar.

- Ellos... - comenzó a decir Nicole - ¿eran tus padres?
- Sí. ¿Y ellos los tuyos?
- Sólo el hombre. Esa mujer... ella... se casó con mi padre.
- ¿Y dónde están? - preguntó con verdadera curiosidad. Él le compartió el momento de su pérdida, pero él no pudo tener más de ella.
- Ellos están muertos también.
- Lo siento mucho - la abrazó más fuerte, pero sintió el desapego de ella. - Perdón, aun no sé qué pasa. Todo esto ha sido muy raro. Yo, creo que por un momento pensé que era un brujo o no sé, a lo mejor soy un mutante con un súper poder...

Nicole desconcertada lo miró y empezó a reírse.

- ¿Ahora te crees un X-Men?
- No lo sé, tal vez sólo tenga los poderes del Profesor X.
- ¡Ay por Dios!  Eres un ñoño.

Ella siguió riéndose rompiendo por entero la parte tensa de los dos. Claro, sin entender qué pasaba tampoco, pero si querer saberlo en realidad. ¿Tan difícil era sólo poder pasar unos días en paz con Zack?

La chica lo tomó del rostro con un poco de temor de volver a ver algo en su mente, así que sólo le dio un beso en la mejilla.

- Acompáñame, no quiero pasar el fin de semana sólo aquí.
- Pero yo pensé que sí... - la intentó besar, pero la chica hizo el rostro para atrás - pensé que querías que te demostrara lo que hace un experto. - Ella sonrió tratando de no reir.
- Cariño, para eso todavía tenemos tiempo. Anda, no pierdas el tiempo y vamos.

Nicole se fue gritando que no lo iba a estar esperando si se tardaba mucho ahí, después de todo, ella no tenía una eternidad para él.

O tal vez sí, pero aun no lo sabía.

Zack fue tras ella.
julio 31, 2015 | By: Sabrina Knight

Es magia

Abrió los ojos espantado en el momento en que escuchó como tocaban la puerta con desesperación. Se levantó de golpe y fue a abrir para encontrarse con una persona encapuchada que en primera instancia le dio un susto. Enseguida sonrió al darse cuenta de quién era. Le bajó la capucha y descubrió el bello rostro de Mónica.

- No pensé que te fueras a asustar con sólo verme.
- No pensé que fueras a tocar la puerta como loca.
- Tenía urgencia de verte. - Mónica miró atrás y entró a la casa de Arturo cerrando la puerta tras de si. - Siempre tengo urgencia de verte... Arturo. - y acto seguido se arrojó sus brazos a su cuello para poder alcanzar su rostro y besarlo. Arturo correspondió el beso apasionado de la misma forma, abrazando su torso y apretándolo hacia él.

Arturo se detuvo un momento para contemplar esos ojos carmesí, intensos, dilatados, excitados por estar en sus brazos. Mónica se volvió a lanzar sobre él tirando todo lo que estaba cerca, poco le importo que pociones e ingredientes raros cayeran al piso. Ambos se dejaron llevar por una pasión lujuriosa que los estaba llevando al éxtasis.


Arturo la apretaba contra él, dejando de sentir la piel fría por un extraño calor que él mismo provocaba. Era un conjuro sencillo, pero elemental, pues cada vez que él la sentía de esa forma, olvidaba que no eran iguales.

Sus encuentros eran siempre parecidos, llenos de fuego, risas, mordidas, juego y ese extraño sentimiento que los dos evitaban mencionar. ¿Para qué echar a perder lo que ya tenían?

Para Mónica esos encuentros eran fugases en comparación de su eternidad, pero eran profundos en comparación a lo que siempre había dicho sentir. No necesitaba más, sólo a él.

Para Arturo, Mónica era perfecta, bella, inteligente, maligna, misteriosa y además tenía ese elemento que la hacía más fantástica para Arturo... era mágica y eterna. Era ese ser que se convertía todo lo que él creía y lo hacía más que real.

Ambos habían olvidado la fecha exacta del día que se conocieron, no necesitaban recordarla pues algo en ambos les decía que no era la primera vez que se cruzaban sus caminos. Aunque lo que era cierto es que desde día hasta ese momento habían pasado ya varias décadas. Sin embargo ambos se habían dedicado a engañar a todos, no sólo por su edad, también por su relación, sus poderes y su secreta alianza que los convertía en amantes eternos.

Por que eso eran ellos... eternos.

--

Zack se levantó de un salto con el corazón palpitandole de forma acelerada. Inmediatamente miró su cuerpo y se dio cuenta que seguía excitado de sólo recordar todo lo que había soñado. Miró a Nicole a su  lado dormida, o fingiendo, no quiso investigarlo porque inmediatamente se levantó para ir al baño. Cerró la puerta y se lavó el rostro.

Todo se convertía en algo extraño, misterioso y con muchas preguntas que no sabía a quien hacer.

¿Quién era esa mujer? ¿Mónica? Recordó su nombre. Cerró los ojos y aun podía verla, aun podía olerla, sentir su calor y su magia. Zack se miró al espejo...

Magia. De pronto en su mente le vinieron recuerdos, hechos, extrañas coincidencias. Todo tenía un extraño sentido. Aunque era absurdo. 

Salió del baño aun con la idea de haber sido todo un muy profundo sueño, Nicole aun se encontraba en la misma posición. Se volvió a meter a la cama y se acercó más a ella, su piel era fría. Recordó como en su sueño la piel de Mónica había cambiado de temperatura e hizo exactamente lo mismo.

Funcionó.

Nicole abrió los ojos y lo miró extrañada, vio como su mirada estaba desorbitada, extrañada y eufórica.

- ¿Qué estas haciendo? 
- No lo sé... - reía sin entender - yo sólo lo deseo y... pasa. ¿Te has fijado?

Nicole frunció el ceño, aun sin entender, ante la sonrisa fuera de si de Zack.

- Es magia Nicole... ¡es magia! -  Zack abrazó fuertemente a Nicole y ella no lo rechazó. Zack cerró los ojos y olió fuertemente el perfume de la chica.

Era más delicioso que el de Mónica.
septiembre 29, 2014 | By: Sabrina Knight

Venganza

Esa noche había sido la más larga de su vida.

Tenía el maquillaje corrido y los ojos hinchados. Estaba cansada de llorar, por tristeza y al mismo tiempo de coraje, de dolor y rabia por saberse estúpidamente engañada.

Romina había pensado todo este tiempo que Zack la amaba a ella, y de pronto descubrió que no era así... No la amaba a ella.
No se dio cuenta cuando amaneció, tampoco escucho las súplicas de su madre para que fuera a desayunar algo. La única voz que escuchaba era la de su cabeza que le recordaba una y otra vez esa escena que Mónica le había hecho mirar.

Era tan estúpida ¿Por qué le lloró tanto? Tal vez ella ni siquiera amaba a Zack como lo imaginaba. ¿Entonces por qué le dolía tanto?
De vez en cuando echaba un vistazo a su pintura y veía como las olas de ese Mar Rojo se movían con lentitud, y esa mujer seguía esperando alcanzar el sol. Era irónico, porque sabía que jamás lo iba a alcanzar. 

La mujer del cuadro volteaba también a mirarla invitándola a seguir, pero Romina simplemente no quería ir con ella. Sabía que ella no iba a alcanzar al sol y Romina no quería quedarse como ella: estancada sólo mirándolo.
Sonó el teléfono y vio la llamada perdida de Estefania y muchos mensajes de apoyo de su parte:
"Eres la mejor actriz de todo el mundo, te irá excelente en Nueva York" 17:30
"Espero que quieras festejar conmigo, las mejores amigas están para apoyarse." 19:45
"Háblame cuando tengas tiempo, quiero que me cuentes todo lo de tu cita con Zack" 23:06

Romina simplemente ignoró cada uno de los llamados. Ella no tenía ganas de ver a nadie. Además, con el último lavado de voluntad de Estefania había quedado más tonta que antes.
En ese momento se rió para ella misma. Sabía que tenía que dejar de jugar con la gente, pero era inevitable, tenía un placer nato al usar a la gente a su antojo, justo por cómo saber manipularlas...

En ese momento se levantó de su cama, como si una idea brillante hubiera aparecido en su mente. Fue a su espejo buscando algo dentro de él, buscando a Mónica en él.

- Sólo necesito hacer una pregunta ¡Aparece! - Mónica apareció frente de ella, como un reflejo de su rostro.
- ¿Qué quieres?
- Quiero que me digas como acabar con la tarada de Nicole, tú, tú eras lo mismo que ella.
- Desgraciadamente somos iguales, no por mi voluntad, créeme. 
- ¡Entones dímelo y hoy mismo termino con ella!
- No puedo.
- ¿Qué? ¿Entonces todo lo que dijiste fue basura? ¿Cómo quieres que acabe con ella si tú no me lo dices?
- Porque ella es un ser inmortal...
- No, ella no puede ser inmortal. ¡Si ella fuera inmortal yo seguiría siendo tu! Dime como acabaron contigo para yo terminar con ella.
- No puedo... 

Romina soltó un grito fúrica y enojada pegándole un fuerte golpe al espejo rompiéndolo justo a la mitad. El espejo se quebró y cortó la mano de Romina dejándola sangrando.
Ahora gritó del dolor.

Romina se tomó la mano tratando de evitar perder sangre, pero ésta cayó justo en uno de los pedazos en los que Mónica aún se reflejaba. Se veía extasiada, como si pudiera disfrutar el olor de la sangre que ella no podía alcanzar.

- Aún recuerdo la textura y el sabor... - dijo apretando los labios. Romina apenas la pudo escuchar, tomó un pañuelo de su ropero y se lo pasó por encima apenas cubriéndolo. Cerro los ojos tratando de concentrarse y entonces... la sangre y la herida desapareció.

-¡Romina, Romina! ¿estás bien? - preguntó su hermano tratando de abrir, pero ella se había encerrado. - ¡Romina abre la puerta, ábrela ahora! 

Pero ella lo ignoraba por completo. Primero miro que su mano estuviera bien y después miró el reflejo que sonreía. 

- Sólo un ser como tú sabrá como destruirla. Sólo una bruja es capaz de destruir un poder protegido por uno de los tuyos.

El reflejo desapareció y sólo se mostró su desaliñado perfil. Se quedó pensando aún sin terminar de entender todo lo que había sucedido.

En ese momento su hermano abrió de una patada la puerta y miró el desastre de esa habitación.

- ¡Por Dios! ¿Qué pasó aquí? ¿Dónde está el huracán? - miró en el piso un charco de sangre y el espejo roto. - Romina, ¿qué pasó? - la tomó de la muñeca pensando que se había tratado de cortar, pero vio que estaba bien - ¿Romina qué te paso? 
- Nada... - mintió apenas despertando de sus pensamientos - No paso nada, sólo fue temperamento de artista.
- ¿Temperamento de artista? ¡Para mi que fue locura de una bruja! - dijo irónico. Romina sólo lo miró sin decir nada - ¿segura que estás bien?  - ella asintió - mi mamá dijo...
- ¡Mi mamá está loca, no le hagas caso! Sólo dice tonterías...

Daniel miró a su hermana con compasión, su madre le había dicho de la cita de Romina y que la habían dejado plantada. 

- Está bien, ya no diré más. ¿Segura que estás bien? 

Romina quiso gritarle que no, que no estaba bien por que su tonta novia no sólo le estaba viendo la cara a él, sino también su "amigo" que ahora estaba con ella y que lo peor de todo era que ella había sido una tonta por poner sentimientos en él.

- Sí, segura... - mentía y no disimulaba, pero sabía que ese no era momento para desenmascarar a ninguno de los traidores. En ese momento  se dio cuenta que su hermano también estaba siendo traicionado. Ya no sólo se trataba de lo que ellos le estaban haciendo a ella, sino también a su hermano. Su pobre e ingenuo hermano mayor que estaba enamorado de un despreciable ser inmortal. Abrazó a su hermano y le sonrió - No te preocupes hermano, yo me encargare que todo este bien... 

Daniel tomó las palabras de su hermana como locura momentánea. Era adorable que ella lo quisiera proteger, así que la abrazó más fuerte tratando de hacerla sentir segura. Finalmente él era el hermano mayor.
Ella aún no sabía qué iba a hacer, no tenía idea, sólo entendió que esta venganza contra ellos sería por Daniel, por Mónica y por ella.

Ella terminaría con la inmortal de una forma lenta y dolorosa. De eso sí estaba completamente segura.
julio 24, 2014 | By: Lizzye

¿Y si robo tus primeras veces?

Era la primera vez en una eternidad que sonreía de esa forma. Las palabras pronunciadas por Zack pesé a su sencillez serían conservadas para toda su inmortalidad, después de todo era el primero que le presentaba al tan dichoso sentimiento llamado felicidad. Cerró los ojos para grabar en su mente el sonido de su voz, sin evitar sonreír.

Nadie le iba a robar este momento. Ni siquiera la llamada de Daniel que estaba comenzando a distraer la atención de su amigo. Sin pensarlo dos veces quizo alejarlo mientras se recordó que tendría que comprar un teléfono para recompensar el hecho, pero ahora solo importaban ellos.


Le daba ternura que Zack pareciera aun un niño que tenía que pedir permiso, así que antes de salir le dedicó una nota a la tía de Zack.

Querida:

Espero perdones la urgencia de la salida. Todo está bien, no te preocupes. Ha surgido algo inesperado que me ha puesto los nervios de punta. Vine a buscarte para pedir tu consejo y al no encontrarte tu sobrino amablemente decidió ayudarme. Caballerosamente me ofrecio su ayuda sin darme si quiera la oportunidad a negarme. Después de todo creo que puede ser una persona tan encantadora como tú.

Prometo cuidarlo y explicarte todo cuando volvamos. Solo no te preocupes, sabes que tiendo a exagerar un poco. Llamaríamos pero la comunicación fallaen el lugar. I'm sorry darling!

Besos Nicole Benette


Salió de un brinco a su balcón, revolvió el armario en sólo 2 minutos, se cambio de ropa , termino su maleta, y cuando regresó habían pasado 5 minutos que le parecieron eternos.

Corrió al gargage, encendió el auto y comenzó a esperarlo temiendo que él no apareciera. Los temores desaparecieron en cuanto miró su calida sonrisa.

No podía evitar mirarlo por el retrovisor y desear escuchar su voz mientras conducía. La única idea que flotaba en su cabeza era disfrutar de esos días. El futuro ya lo arreglaría luego.

- Ahora que lo reflexionó ya se porque tienes miedo de esté secuestro - dijo sospechosamente, Zack la miró sorprendido - con lo tímido que eres seguramente piensas que puedo robar tu pureza y virginidad - Zack se puso sonrojado en tan solo un instante. Nicole tuvo que disimular una sonrisa ocasionada por su semblante- Podemos volver y...

-¡Estas loca!- dijo efusivamente- No, yo no soy... digo, no se puede robar a los expertos - Nicole había dado en el clavo, pero le gustaba la manera de tratar de salir del embrolló que tenia.

-¿Entonces me estás diciéndo que no eres el chico dulce, tierno caballeroso y teto que siempre he creído?

-Te sorprenderías ¡eh! - trago saliva nervioso, pensando sus palabras - No es por presumir, pero la compañía en turno siempre me felicita, diciendo que amantes como yo ya no se fabrican - Nicole miró hacia un lado de la autopista por la que ahora transitaban para darse tiempo a disimular las carcajadas. Detuvo la marcha del auto y apagó las luces para aprovechar la luz de la luna.

-¿Entonces me saqué la lotería? Para qué ir más lejos. Volvamos a casa.

-¿Qué? ¡No! Yo no quiero volver

-O pensándolo bien- ella giró en el asiento para colocarse frente a él sobre sus piernas- ¿Para qué esperar? - dijo besándolo para que él no notará las sonrisas.

- Este... Nick... Yo...

-¿Ajá?- continuó dándole pequeños besos.

- Es que... Lo que pasa es que... No sé como explicarte- ella definitivamente amaba su cara al tratar de encontrar justificaciones.

-¿Si?

-Lo... Lo siento... Olvide traer protección.

-Una lastima. Moría por comprobar la teoría. No queda mas que continuar, pero no te preocupes en el lugar al que nos dirigimos seguro hay, así que... Vámonos- dijo aun riendo mientras regresaba a su lugar y arrancaba el auto.

La intensa escarlata no abandonó su rostro en todo el camino, sin embargo ella escuchaba el palpitar ansioso de su corazón, y esa linda tonada la animaba a seguir con la broma.

-Bienvenido a mi rincón secreto - dijo señalando la hermosa cabaña que se situaba cerca del lago - cada vez que necesito pensar algo vengo aquí sola - bajaron del auto y ella lo tomó de la mano - las estrellas y la luna son buenas consejeras y el lago se lleva todos los pesares mientras que el viento compone melodías con las palabras que le dices. Por un momento Nicole puso una mirada reflexiva, nostálgica, humana. De pronto volvió - ven, te voy a enseñar.

Nicole corrió a la orilla del lago, no sin antes haberse quitado los zapatos y correr descalza. Zack la seguía, aunque no le dio tiempo de hacer lo mismo que ella. Entonces Nicole tomó aire y gritó a todo pulmón:

- ¡Pase lo que pase, él es sólo mío y yo solo soy suya!

Zack sonrió con un suspiro atorado en su respirar, una emoción tan grande, que sólo pudo tomar a la chica y volverla a besar con intensidad, con una emoción que no sabía que tenía guardada en su pecho, oeri que se sentía que estuvo ahí siempre.

-Te prometo que pensaré unas buenas frases que gritarle al lago...

- Tonto - murmuró ella mientras continuaban con la sesión de besos que poco a poco estaban comenzando a subir de intensidad. - ¿Sabes? Deberíamos continuar con el pendiente del auto. Ya mañana te mostraré el lugar - lo fue jalando hacia la cabaña que estaba a un lado de la orilla. Una parte de ella quería continuar con la broma, sabía que Zack no podría continuar contra ella.

Entraron a la cabaña, una estancia pequeña, pero acogedora, llena de detalles finos y de buen gusto. Parecía una extensión de la habitación de Nicole, pero forrado de madera y una pequeña chimenea.

- Podría encender la chimenea para que nuestra escena se vea mas apasionada- agregó para continuar la broma. Sin embargo los instintos de Zack ya no estaban pensado en bromas, ni en más besos, quería probar su piel.

-Tengo una mejor idea ¿ Dónde está la habitación?

-¿Qué?-comenzó a temblar ante la mención, su juego se le había revertido- A... Arriba...

-Pues vamos- él sujetó su mano mientras ascendían. Ella intentó desesperadamente repeler todo lo que estaba sintiendo y tratar de leer sus pensamientos pero, como siempre, fue inútil. Zack logró sentir el nerviosismo de ella, su pánico, descubrió que ella no estaba lista. Algo en su cabeza le dijo que no podía hacer algo que ella no quisiera... aunque su instinto le decía que lo hiciera.

- ¿Y bien?- ahora él sonreía, pero Nicole estaba petrificada. Su cabeza ganó, no sin antes decidir que le pagaría lo que le hizo en el auto - es la hora- se arrojó en la cama- ven aquí...

Nicole se paralizó, y comenzó a actuar en automático. Zack se veía tan seguro de lo que estaba haciendo que comenzó a dudar por la posibilidad de que sus respuesta fueran ciertas. Logró recostarse dándole la espalda. Él se acerco hacia ella abrazándola e impidiéndole con ello la movilidad.

-Estoy tan cansado que hoy solo quiero dormir así. - le susurró al oido - Quiero saber mañana cuando abra los ojos que sigues a mi lado, que esto no fue sólo un sueño.

Nicole sonrió, se dio la vuelta para mirarlo a los ojos y darle un beso ligero en los labios.

-Por hoy te dejó ganar, aunque... - le quitó el cabello del rostro - mañana y siempre seguiré aquí.

Le dio otro beso corto y se dejó perder en su abrazo entre sueños.
julio 23, 2014 | By: Sabrina Knight

Capítulo 8. Secuestro

Suspiró con tanta fuerza. Aspiró el oxígeno que tanto le hacía falta para llenar sus pulmones.

Abrió los ojos mirando el techo de aquella habitación forrada de madera. Las paredes rústicas con pinturas falsas que la adornaban tenían cierto encanto, un encanto que jamás había podido imaginar de una litografía de Van Gogh.

Volvió a suspirar mientras cerraba los ojos. Ese olor lo estaba invadiendo más y más. No, no era sólo la madera, ni siquiera el aire fresco del bosque que los rodeaba fuera de la cabaña, no, era mucho más que sólo eso.

- ¡Buenos días! - dijo la voz de la mujer más bella que había amanecido jamás a su lado.
- ¡Buenos días Nicole! - la miró sonreír a lo que le respondió de la misma forma. - ¿Todo bien?
- Nada podría ser mejor...

Dos días antes.

De pronto los dos se encontraban sentados en el balcón, abrazados y mirando el cielo. Fue como si todo el fuego y pasión tomara un descanso y los dejara pensar un poco sobre lo que estaba sucediendo.

- ¿Qué piensas? - preguntó Nicole a lo que Zack sólo se encogió de hombros.
- No lo sé.
- ¿No sabes qué piensas? Eso es ridículo.

Zack sonrió y le dio un beso en la mejilla.

- No pienso en nada, de verdad.

Nicole lo miró dudando, se separó y se puso de pie dejando a Zack en el mismo lugar.

- ¿De verdad no piensas en nada?

Zack frunció el ceño y se puso de pie junto con ella.

- ¿Qué tendría que pensar?
- No sé, en que... - pero en realidad ella tampoco sabía qué decir. - no sé, puedes pensar muchas cosas. Por ejemplo que soy muy bonita.
- Eso siempre lo pienso. - Se acercó y le dio otro beso en la mejilla seguido de un ligero rose de labios. - La verdad es que no pienso en nada porque estoy muy en paz contigo. Es la primera vez que no me torturan los pensamientos, sólo... sólo estoy viviendo el momento, contigo.

Nicole sintió sonrosarse, cambió de lado la mirada hacia el cielo, justo para que Zack no notara que le encantaban sus palabras.

- De cualquier forma deberías pensar que soy bonita.

El chico se acercó a ella y la abrazó por la espalda colocando su barbilla en el hombro de la rubia.

- Eres la mujer más hermosa que he conocido.

Nicole cerró los ojos sonriendo. Era como si esas palabras las hubiera escuchado antes. Mucho tiempo antes.

En ese momento sonó el teléfono celular de Zack, despertándolo de sus pensamientos. Estaba a punto de tomarlo cuando Nicole lo sacó antes de su bolsillo, y sin ver quién lo buscaba simplemente lo quebró. Zack la miró impresionado y sin entender lo que había pasado.

- ¡Estas cosas son de plástico! - se justificó y se lo dio partido en dos.
- Aun no terminaba de pagarlo... - dijo con pena, Nicole lo miró y se rió con mucha fuerza.
- Eres un idiota. ¿Por qué sufres por un celular?
- No es que sufra - mintió para no verse mal - pero era casi nuevo y... tampoco vi quién me llamaba.
- ¿Y acaso importa? ¿Te interesa más saber quien llamaba a estar conmigo?
- No, no es eso... Es que no sé si era importante.
- ¿Importante? Muy bien, pues investígalo entonces.

Nicole caminó hacia su balcón, pero Zack la detuvo y la jaló hacia él.

- No, tranquila. Es que... de verdad aun no termino de pagarlo - dijo con mucha pena, a lo que Nicole volvió a reír, le dio un beso en los labios y aun con su frente pegada a la de él volvió a sonreír.
- Eres un tonto.

Y olvidando el tema se volvieron a abrazar.

Sin embargo Nicole sí había podido ver quien hablaba a Zack y sabía que lo que estaba viviendo no quería que fuera interrumpido.

- Tengo una idea. - Zack se desconcertó - ¿Está tu tía?
- ¿Mi tía?
- Sí, ¿está en casa?
- No ¿Qué necesitas de ella?
- ¿Crees que se preocupe por ti si te desapareces dos días?
- ¿Desaparecer dos días?
- Anda, ¿Crees que le preocupe?
- Bueno, si no le dejo una nota... supongo que si...
- Entonces entra, yo escribiré la nota. -Y Nicole lo empujó a entrar hasta obligarlo a darle papel y un bolígrafo, escribió una nota en una hermosa caligrafía, dobló la hoja y la dejó en la mesita de la entrada de la casa de Zack.

De un momento a otro Nicole estaba con una pequeña maleta en su cajuela sacando su auto de la cochera. Zack la esperaba de pie frente a su casa, ella se estacionó, abrió la puerta del copiloto y se asomó.

- ¿Vienes? - preguntó ella ya cambiada.
- ¿Tratas de secuestrarme?
- ¿Te piensas resistir a un secuestro?
- No, la verdad no. - y entró al auto. En cuanto cerró la puerta la chica arrancó a toda velocidad.

Eran las cuatro de la mañana y las calles se sentían solas. El ruido del auto se volvió tres veces más escandaloso gracias a la velocidad y precisión con la que manejaba ella. Sabía que era extraño, parecía que nada ni nadie estaba en su camino, pero no dijo nada. Zack la miraba y sin perderse un movimiento de su cabello. No necesitaba ver el camino para saber que todo iba a estar bien, él ya se había encargado de eso inconscientemente.

- ¿Y a dónde piensas secuestrarme?
- Eso no se dice, podrías huir.
- ¿Y si prometo no huir?
- Tampoco te lo diría. No seas impaciente y déjate secuestrar por mi. - le tomó la mano - estos dos días eres mío... sólo mío.

Zack apretó su mano con la de ella, la levantó hacia sus labios y la besó. Nicole se sintió satisfecha.

Tenía dos cosas en la mente: pasar dos maravillosos días con Zack y alejarse lo antes posible de Daniel antes de que volviera a buscarlos.
junio 20, 2013 | By: Sabrina Knight

Corazón Destrozado

Se quedó inquietamente sentada en su cama.

Miraba el reloj y lo escuchaba con demasiada atención, jamás se había dado cuenta de lo escandaloso que podía ser el segundero y de lo rápido que se podía ir el tiempo.

Se veía hermosa, su cabello estaba recogido, sus labios eran rojos, sus mejillas se veían chapeadas y su vestimenta simplemente parecía de modelo de revista. Romina parecía una muñeca.

Contaba sus respiraciones y trató de no suspirar tan fuerte. No quería sentir, no quería que su mente pensara en nada, pero... era inevitable.

Eran las diez de la noche y el reloj no se detenía, no se regresaba.

Escuchó que alguien se estacionó y se levantó de inmediato para ver si era quien tanto esperaba desde hace dos horas. Sólo era un vecino. Suspiró fuerte, demasiado, tanto que le dolía. Tragó saliva tratando de olvidar ese nudo que se le había hecho en la garganta, no quería pensar en las lágrimas que tenía atoradas en los ojos, no quería sentir cómo su corazón latía con menor frecuencia.

- Romina... - tocó a la puerta su madre - ¿Romina? ¿Estás bien?
- Sí... ¿Qué quieres? - contestó tajante sin mirarla de frente.
- Pensé que ibas a salir.
- Yo también. ¿Qué quieres? ¿Sólo me ibas a preguntar eso o qué quieres?

Su madre la miró con desconcierto. Sabía que su hija no estaba bien, pero tampoco quería indagar.

- Preparé de cenar, si quieres...
- No quiero nada. - respondió tajante. - Quiero que me dejes sola.
- Mi amor... - dijo con ternura - a lo mejor a Zack se le hizo tarde y...
- ¿Y? ¿Y no puede marcar por teléfono? - gritó con coraje sin poder evitar que sus ojos se nublaran - ¿No me puede mandar un mensaje? No justifiques a alguien que no tiene el valor de tomar un teléfono y marcar.
- Pero...
- ¿Qué quieres mamá? No quiero cenar, no quiero nada. ¡Quiero estar sola! - gritó a lo que su madre agachó la mirada y salió cerrando la puerta tras de si.

En ese momento Romina no pudo más, soltó un grito furioso y empezó a desquitarse con todo lo que se cruzaba en su camino. Tiró, destendió y rompió cuanto se le presentó. Lloraba con lagrimas de coraje, de impotencia. Se sentía estúpida. Nunca había dado su corazón a nadie y ahora que lo estaba haciendo un idiota lo desprecia.

Una parte de ella pensó en lo que dijo su madre. Tal vez a Zack le había pasado algo y...

- No seas tonta... - dijo la mujer del reflejo, la mujer que era idéntica a ella, la misma que se le había presentado antes. - No justifiques a ese hombre que nos deshizo la vida.
- ¿Y si le pasó algo? - le preguntó a lo que la mujer del reflejo lo negó. - ¿Cómo lo sabes?

Mónica se hizo un gesto para que se acercara y puso la mano contra el espejo. Romina se acercó y entendió, puso la mano en el espejo y la mano de Mónica la cruzó dejándola ver lo que pasaba en el balcón de Zack... podía ver que él y la mosca muerta de Nicole se besaban. Romina se sentía como si estuviera ahí, viéndolos de frente, siendo la espectadora de un espectáculo que ella no podía evitar...

Soltó más lágrimas.

- Te lo dije... - dijo Mónica a lo que la soltó - te dije que tu corazón estorbaba.

Romina se quedó sin palabras. no podía con eso, no podía creer que Zack hubiera preferido a Nicole, no podía creer que la hubiera dejado plantada por esa...

- ¿Qué debo hacer?
- Haz lo que yo no pude hacer...
- ¿Vengarte de esa perra? - Mónica lo negó con una sonrisa maléfica. - ¿Entonces?
- Debes matarlos a los dos.

Romina miró el reflejo de Mónica y sonrió con cierta locura. Asentía pensando que ella tenía razón. Ella sabía que no había otra salida, que nadie podía ofenderla de esa forma, ni Zack, ni mucho menos Nicole.

En ese momento la imagen de Mónica desapareció y en el espejo sólo se pudo ver a Romina hincada, deshecha, con el maquillaje corrido y sus ropas arrugadas. Ya no era la misma muñeca que destallaba luz, ahora era sólo una chica con el corazón destrozado.

junio 16, 2013 | By: Lizzye

Sentimientos humanos

Mi cabeza recorrió miles de imágenes en un  segundo protagonizadas por Zack, en las que él aunque se esforzaba por ser invisible mezclándose entre todas las personas terminaba siendo ante sus ojos la única persona que podía mirar. Su mirada la conmovía y la hacía sentir tantas cosas. Qué pasaría si ella… ni siquiera se dio tiempo de reflexionar sus ideas, su deseo es lo que estaba tomando el control de su cuerpo, justificándose en que era algo que ansiaba desde la primera vez que lo vio, desde que su tortura había comenzado. Tal vez era que debería darle otro enfoque a su relación igual así dejaría de ser tan insoportable, tal vez ella debía enfrentarse a su mayor miedo y ver lo que pasaba, solucionando de esa manera sus antojos.

Cuando fue consciente de nuevo ella estaba en el balcón del chico mirándolo tan de cerca, casi rozando su piel, sin embargo no  le importo, podría ser la única oportunidad que tuviera y avanzados hasta estas alturas no dejaría pasar la oportunidad. Nicole sonrió por lo que estaba a punto de hacer.

-“Ya condenada a la perdición, disfrutemos pues de la tortura y resultado”-se dijo así misma antes de posarse frente de la puerta de Zack para no permitirle escapar. Podría haberlo considerado una más de las presas que tantas veces había sentido cerca, pero sería erróneo ponerle un título tan bajo a él.

- ¿Pero cómo...? – su sonrisa se ensancho
- No sabes otra palabra ¿Verdad?
- ¿Qué? No, yo...- los hechizos se rompen con un beso, tal vez así podría pasarlo y seguir adelante con su vida normal.

Comenzó a besarlo rompiendo inmediatamente la sorpresa de sus labios,  sintiendo sus labios tiernos y dulces sobre los de ella. La calidez era inmensa y la manera de reaccionar de su cuerpo, le dijo que esto era un sentimiento familiar desde hacía mucho mucho tiempo atrás. Algo programado en su ser que solo él lograba ocasionar.

Era él, siempre había sido él, el protagonista de los sueños raros el chico misterioso, ¿podría ser posible que fuera el chico de los vacíos en sus sueños? No quería pensar en eso por ahora.

- Nunca fuiste invisible para mí-verlo congelado allí, le hizo la idea de que como buena telenovela debería dejar todo en un continuara, estaba a punto de marcharse cuando de manera inesperada la atrajo nuevamente hacia él.

Dejo que la besara mientras su boca despertaba todos esos sentimientos que no había tenia dentro.  Comenzó a besarlo abrazándolo, atrayéndolo hacia ella como siempre había querido, su piel era tan suave y cálida al tacto, su cabellera tan suave como siempre lo había creído y su aroma le encantaba. No le sorprendió mirar reflejada esa inmensa ternura en mirada una vez que por fin se separaron, ella sentía exactamente lo mismo hacia él.

- No tienes una idea de cuánto tiempo quise hacer esto... - confesó Zack. Ella sonrió tímida - ¿Estoy soñando? - Nicole pasó sus manos entre el cabello de Zack.
- Eso creo...
- Entonces no me despiertes...
-Y ya en este punto yo tampoco quiero despertar-dijo atrayéndolo de nuevo a ella para besarlo. Jamás se cansaría de saborear su dulce aliento. La envolvió más sin dejar de besarle hasta que se quedó sin aliento, ella se separó riendo, podría estar toda la vida así pero él necesitaba respirar.
-Supongo que gran parte de tu encanto es siempre ir en contra de lo que creo que harás… -sonrió mirándolo -deseé en secreto tantas veces poder hacer esto- acaricio su mejilla y bajo sus manos para entre lazarlas.
-¡Nicole!
-La manera en que pronuncias mi nombre… puedo oírte  mil veces decirlo y jamás cansarme.
-Nicole, Nicole, Nicole, Nicole y podría seguir si eso te hace feliz, si eso ocasiona ese brillo en tus ojos, pero yo también disfruto la delicadeza de tus labios diciendo mi nombre. Sonrió para besarlo nuevamente.

-Zack-dijo apenas separando sus labios para hablar-Zack-otro beso- Zack-avanzo sus labios en dirección a su oído-gracias por permitirme sentir estos sentimientos tan humanos y volvió a besarle.
junio 15, 2013 | By: Sabrina Knight

Otra palabra.


Todo ese día Zack rogó volverse de nuevo en alguien invisible. Se había pasado un alto y todas las personas lo miraban, lo juzgaban. ¿Qué no se había dado cuenta que era color verde el semáforo?

No entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Lo único que pudo hacer fue acelerar y meterse en su casa como si fuera un leproso oculto en su cueva... por el momento, el único lugar que sentía seguro.

Se echó en cama y se quedó mirando el techo como si tuviera las respuestas que necesitaba... por supuesto, no había nada ahí que le ayudara. Se dio una vuelta, luego cambió de lado y nada, nada podía ayudarlo a concebir el sueño. Tal vez lo que necesitaba era aire fresco... salió a su balcón. La luz del otro lado de la ventana estaba apagada, eso lo alivió por un segundo. No quería aceptarlo, pero muchos de sus problemas habían comenzado justo cuando la chica de a lado se había mudado y decidió ocupar ese cuarto colindante con el suyo como habitación personal.

Está bien, no podía echarle toda la culpa.

Bueno, sí.

De pronto escuchó gritos que lo alteraron. La luz del otro lado de la ventana se encendieron y azotó la puerta de vidrió como si fuera una hoja de papel.

- ¿Qué me está pasando? ¿Qué me está pasando? - dijo la rubia ocultando su rostro entre sus manos.

Zack la miró desconcertado, pero asintió con sarcasmo.

- Yo tampoco entiendo nada de lo que nos está pasando. - Ella miró al chico con sorpresa y pavor. - Bueno, tú preguntaste y yo...
- ¡Cállate! - Gritó - lo que menos necesito ahora es que te quieras hacer el gracioso... ¡Y menos tú!
- ¿Pero yo qué te hice? - reclamó - ¿Ves este golpe? - Se señaló el rostro - ¡Yo tendría que estarte reclamando por él, no tú a mi!
- No, no, no... ¡Tú! ¡Tú has sido el problema desde el principio! ¡Tú!
- ¿Pero yo qué te hice? - repitió el reclamo.
- ¡Meterte en mi vida! ¡Eso hiciste!
- Pero...
- ¡Pero! ¡Pero! ¿Qué no sabes otra palabra?
- Pero...

Nicole hizo un además de exasperación. Era increíble que perdiera su acostumbrada calma, su majestuoso porte por un gusano sin sentido como él.

Zack tampoco quiso decir más, se sentía peor. Es más, no sabía qué sentía, ni sabía qué decir, ni cómo actuar frente a ella. en pocas palabras, no sabía nada.

- ¿Sabes que no me había percatado que adoraba ser invisible? - dijo lo primero que le vino a la cabeza. Ella lo miró sin entenderlo. - De verdad. Un día tú me preguntaste si no me importaba ser invisible... creo que la respuesta es que adoro ser invisible.

Nicole lo miró en silencio. Zack creyó de inmediato que lo miraba como una cucaracha rara, sin embargo no era así, por la mente de Nicole pasaron muchas imágenes, sentimientos e incluso una que otra explicación a preguntas que se había hecho; Zack era invisible porque quería.

De pronto ella se empezó a reír. Zack lo sintió como una ofensa. De por si no estaba a gusto confesándose como para que ella (y justo ella) terminara burlándose de él.

Suspiró molesto, dio la media vuelta para entrar a su casa, pero en ese momento e inexplicablemente Nicole le impidió abrir la puerta. Zack abrió los ojos como plato al verla en su balcón.

- ¿Pero cómo...? - Ella sonrió.
- No sabes otra palabra ¿Verdad?
- ¿Qué? No, yo...

Pero ya no pudo decir nada. De pronto lo único que pudo sentir fueron sus labios en los de él. Era tan extraño, tan frío y al mismo tiempo tan cálido.

Ella se hizo ligeramente atrás y le sonrió dejando atónito al chico. Ella tenía tantas ganas de hacerlo que se sintió satisfecha.

- Nunca fuiste invisible para mi. - sonrió mirándolo a los ojos, los mismos ojos que había visto en su sueño.

Zack se quedó de piedra, no sabía si estaba soñando o no. Ya no le importaba saber cómo había llegado Nicole a su balcón a la velocidad luz, lo que le importaba eran esas últimas palabras. Él siempre lo había sabido, pero no había nada mejor que escucharlo de sus labios.

Nicole suspiró, como si fuera un hábito común en ella. Era mucho por esa noche, además, le gustaba eso de dejar en suspenso a los hombres, incluido a Zack, por supuesto... Se dirigió a su balcón para irse a dormir con una sonrisa en el rostro... pero en un acto inesperado Zack la jaló del brazo y la besó tomándole el rostro, como para que no desapareciera de su lado.

Nicole borró su asombro en un instante, tomó a Zack rodeando su cuello con sus brazos. Ninguno de los dos quería soltarse, mucho menos soltar al otro. Ninguno de los dos se percataba de lo que sucedía alrededor, y no les importaba. En ese momento sólo eran ellos dos y nadie más.

Zack alejó su rostro para poder respirar... acarició su mejilla y puso su cabello detrás de su oreja. Ella sólo sonrió.

- No tienes una idea de cuanto tiempo quise hacer esto... - confesó Zack. Nicole sonrió y Zack pudo notar cómo sus mejillas se sonrosaron. - ¿Estoy soñando? - Nicole pasó sus manos entre el cabello de Zack.
- Eso creo...
- Entonces no me despiertes...

Ambos se miraron y sonrieron, no podían evitarlo, sólo podían sonreír, hace siglos que no se sentían felices como en ese momento.

Y por nada del mundo querrían dejar de serlo.

Al menos no en esta vida.

septiembre 04, 2012 | By: Lizzye

Ojos verdes

Un baño relajante de espuma fue lo único que logró sacar a Nicole del estado de shock en el que se encontraba. Se colocó una pijama blanca de dos piezas y comenzó a cepillarse el cabello. Entre el rocé de la piel de su vecino, las sensaciones que provocó, la discusión con Daniel y la desvelada de la noche anterior no aguantaba más sus ojos, ni siquiera se dio cuenta cuando se perdió entre sueños.

Un hermoso vestido de seda color azul era lo que traía puesto ahora, sus mejillas se veían sonrosadas, sus ojos grandes verdes luminosos y una sonrisa carmín reflejada en el cristal. Definitivamente estaba viva, eran los años en los que no era dependiente de sangre de los demás para subsistir. Se puso el antifaz y entró al lugar concurrido nuevamente.

Una fiesta que había sido prometedora, sin embargo terminó siendo sólo una reunión aburrida de socios de su padre. Respiró tranquila mientras salía al jardín, escapando de la vista de los demás. Se encontraba mirando las estrellas, era una noche de cielo despejado luminoso, con gran luna azul de esas que ocurren sólo cada tres años.

Comenzó a tararear una canción que amaba mientras sus pies se deslizaban despacio por el césped. Era mejor la fiesta que estaba armando sola para su sentidos que estar allá dentro fingiendo diversión. Respiró una y otra vez mientras mantenía los ojos cerrados al compás de su canción.

- ¿Me concedería está pieza? - preguntó la voz de un caballero a su oído. Volteó para comprobar lo que creía.
- Buenas noches - respondió sonriendo al chico que tenia enfrente. Él traía un traje de gala negro, con un antifaz dorado en el rostro que apenas dejaba ver sus enormes ojos verdes - Comenzaba a creer que no iba a venir.
- ¿Y perderme de la aburrida fiesta, corriendo el riesgo a que alguien la fastidiara más que yo? Sería un castigo - sonrió dulcemente y ambos rieron - ¿Entonces? ¿Me permite señorita Benett? - estiró la mano esperando la resolución, seguro de si mismo de cual seria la respuesta.
- Normalmente hubiera obtenido un no como respuesta para fastidiarle también, pero creo que una noche así se debe disfrutar - le ofreció su mano. Un sinfín de sensaciones llegaron a su estómago, sensaciones de todo tipo, pero que daban como resultado solo sonrisas.

Comenzaron a bailar al ritmo acompasado de la música que se escuchaba a lo lejos dentro del salón. Una canción lenta que ambos tarareaban mientras bailaban.

- ¿Sabe que las personas comienzan a mirarnos? - dijo Nicole mirando a una pareja de ancianos que no les quitaban los ojos de encima.
- Se lo he advertido antes: Nunca paso desapercibido, todos tienen que mirarme siempre. Soy como un sol que simple y sencillamente se tiene que ver, y si consideramos que me encuentro con usted ahora mismo el reflejo debe de ser el triple de impactante.
- Siempre tan modesto - ironizó mientras ambos comenzaron a reír.
- Tengo una manera de que nos miren más - observó sus ojos, quitó el antifaz de ella y se quedó mirándola por un par de segundos en seco mientras sonreía. - Así nada se compara a mirar su lindo rostro - los colores encendieron sus mejillas - y para terminar, el toque justo... - se quitó el antifaz - ahora estamos perfectos.-Nicole no podría dejar de mirarlo, era él. Estaba posada frente al hombre odioso de su actualidad.
- ¿Tú?
- ¿Y ahora vas a negar que me conoces? - con su pulgar trazó el contorno de la mejilla - eres hermosa Nicole Benett y con esas mejillas sonrojadas aun más.

Se levantó de golpe gritando como desesperada.

- ¡Maldita sea! - gritó de nuevo al darse cuenta que todo había sido un sueño - Me vas a terminar de volver loca como siga así. Ahora también estás en mis sueños. ¿No me voy a poder liberar jamás de ti? ¿Lo que sentí al tocarlo? Y este sueño antiguo como si no fuera la primera vez que te veo, por si fuera poco mi cachetada no te hizo nada. Estás como si nada, ¿qué tipo de ser humano común y corriente sobrevive a un impacto como ese? - Corrió hasta el balcón a abrir la ventana necesitaba un poco de aire.

Había sido todo tan real, cuando tocó su mejilla en el sueño sintió lo mismo que cuando lo abofeteo apenas un par de horas antes, tantas cosas encontradas.

- ¿Qué me estás haciendo? ¿qué me está pasando? - dijo escondiendo su rostro entre sus manos.
- Yo tampoco entiendo nada de lo que nos está pasando - respondió Zack al otro lado del balcón. Nicole lo miró sorprendida, no se percató que habían pasado un par de horas, ni siquiera creía volver a verlo pronto y ahora de nuevo lo tenia enfrente.

Rojo Carmesí

Sí, no lo iba a negar: estaba contenta.

Después de todo, no sabía cómo había sido ese cambio sorprendente. De pronto todo ese amor, la locura por querer estar junto a alguien se había convertido en un bálsamo sanador de su propio orgullo. Claro, Romina jamás iba a dejar de ser ella, pero por un momento (por increíble que le pareciera a ella misma) podía no pensar sólo en Romina.

De hecho estaba emocionada por salir con Zack. Regresó a casa temprano, se metió a la ducha para refrescarse, salió con la mayor tranquilidad del mundo y se puso a elegir meticulosamente su atuendo. Era una noche especial, uno de sus grandes sueños era ser actriz y con esa oportunidad nada parecía salir mal. Además, si Zack ponía atención y se ponía listo... probablemente aceptaría ser su novia.

Tuvo el mayor cuidado para maquillarse, sería perfecto, todo sería perfecto y eso ella lo sabía.

Se puso delicadamente el gloss sobre sus labios, pero justamente al llegar al final de ellos... se quebró el espejo.

Había brincado del susto. Pero no entendía por qué. ¿Cómo se pudo haber roto? Lo tocó y sintió los ligeros bordes despostillados y uno de ellos la hirió. Miró su dedo con una larga gota de sangre. Sangre... viejos recuerdos de aquella vida que por poco olvidaba, aunque para ella en ese momento no significaban nada ya. Su estómago dio un ligero vuelco y su corazón a latir más rápido. ¿Era un mal presentimiento?

No, simplemente era una tontería, nada podía salir mal.

Limpió la gota de sangre en sus labios y automáticamente tornaron un rojo carmesí profundo, cerró los ojos para disfrutar esa gota de sangre en su boca, en su lengua y cuando abrió los ojos puso ver en el espejo a esa otra mujer, a esa ilusión de ella misma que se miraba con odio. Romina se asustó y su reflejo quitó el dedo de su boca, sonrió maleficamente y le mostró los colmillos.

- Cometes mis mismos errores - susurró con una espantosa y profunda voz - mira más allá.
- ¿Dónde? - preguntó con miedo.
- Donde no te estorbe tu corazón.

El reflejo dio un fuerte grito y Romina sintió que todo se estremecía, tanto que el espejo se rompió en varios pedazos. Romina se tuvo que proteger para que ninguno de ellos le diera en el rostro, pero...

Nada había pasado.

El espejo estaba intacto. Ni siquiera tenía la primera fractura que había visto. Se miró el dedo y encontró la cortada, se sintió los labios: tenía impregnado el sabor a sangre y el rojo carmesí.

Miró el reloj: 20:30 hrs. Era tarde y seguramente Zack ya estaba en camino.

Volvió a revisar el espejo. Sólo estaba ella, sin Mónica presente. ¿Qué era lo que había pasado? ¿De verdad su corazón le estaba estorbando? ¿Para qué?

No. Ya estaba pensando de más y esa sería una noche para festejar... una noche para festejar y nada le preocuparía... por ahora.
septiembre 03, 2012 | By: Sabrina Knight

Diferente

- ¡Señor Mondragón! - le gritaron a Zack casi en el oido. Zack despertó de un brinco y miró completamente pálido al profesor que estaba rojo del coraje. - ¡Salga de mi salón! - ordenó.
- Pero...
- ¡Salga! - ordenó con tanta furia en su voz que Zack sólo pudo tomar su mochila y su cuaderno antes de salir casi corriendo.

Apenas tocó el pasillo Zack se empezó a dar de golpes en la cabeza. ¿Dónde demonios estaban sus pensamientos? Era horrible porque se sentía perdido. Y lo estaba. No dejaba de pensar en el poema que escribiría a Nicole. Sabía que era una estupidez haber aceptado ayudar a Daniel de nuevo, y mucho más para seguir conquistando a Nicole.

Sin embargo había algo que le estaba empezando a preocupar más: la gente se estaba dando cuenta de lo distraído que era en realidad. ¿Y cómo no preocuparle ese hecho si ahora se sentía... vigilado? Antes podía estar en un cuarto, dormirse y nadie jamás se daba cuenta hasta que despertaba y se daba cuenta que lo habían olvidado. Le molestaba, por supuesto, pero estaba tan acostumbrado que ya había aprendido a vivir y aprovecharse de eso. ¿Por qué la gente se estaba dando cuenta de que estaba él ahí?

- ¡Zack! - gritaron por su espalda y él dio un brinco del susto - ¿estás bien?
- Romina... perdón, ando un poco... alterado.
- ¿Por qué? - Zack se encogió de hombros. Romina torció la boca y suspiró. Llevaba todo el día así y sin decirle nada a ella. No quería preocuparse, así que ignoró el hecho. - ¿Sabes qué me pasó hoy?
- ¿Qué? - pregunto Zack y ambos empezaron a caminar por los pasillos de la escuela.

Zack estaba consciente que los hechos habían cambiado. La gente empezaba a voltear a verlo, como si llevara una gran botarga luminosa y escandalosa que hiciera que todos voltearan curiosos a verlo. Se sentía extrañamente intimidado y cada paso procuraba pisar bien, era capaz de tropezar y conseguir que todos se burlaran de él.

¿Y si de nuevo era su locura? Seguramente. Lo más probable es que todos lo voltearan a ver porque Romina iba a su lado y ella siempre era el centro de atención. "Sí, es eso" se dijo para convencerse.

De nuevo le vino a la mente la carta que le escribiría a Nicole. ¿Pero qué le escribiría? Por un lado quería pedirle una disculpa por lo que pasó en la mañana, por otro lado tenía que sonar como Daniel y decir lo enamorado que estaba, pero él no estaba enamorado de ella ¿o si?

- ¿Cómo ves? - dijo Romina en voz alta, de frente suyo, mirándola bastante contenta.
- Maravilloso. - respondió sin saber qué decía.
- ¿En serio? ¿Entonces me quieres acompañar?
- Claro. - Sólo que no sabía a dónde.
- ¡Qué bien! Sabia que nadie más me hubiera querido llevar a mi primer día de stripper en la Zona Rosa.
- ¿Qué? ¿Qué dices? - preguntó confundido - ¿Stripper en la Zona Rosa?
- ¡Vaya! Al fin me pones atención - contestó con un desdén de sarcasmo - ¿Dónde demonios está tu cabeza Zack?
- ¿Por qué lo dices?
- ¿Qué no me escuchas? ¡Llevo no sé cuanto tiempo diciéndote lo que me pasó hoy y lo único que haces es ignorarme!
- ¿Pero porqué te vas a hacer stripper...?
- Zack... era puro sarcasmo e ironía. ¡Dios! - gritó molesta - Es increíble que ni siquiera pueda contar contigo. ¿Sabes qué? Mejor me voy antes de que pierda la paciencia y...
- No, espera Romina. Perdóname es que... no sé dónde está mi cabeza.
- ¿En serio? ¡Vaya, qué cosas!
- En serio, discúlpame. - Romina lo miró a los ojos, suspiró y se encogió de hombros.
- ¿Y qué puede ser tan importante para que estés así?
- Bueno, hoy hablé con Daniel. Parece que recordó que existo.
- Eso sí es una novedad - respondió con el mismo sarcasmo - ¿Y?
- Me pidió un favor y...
- ¿Un favor? - se detuvo - ¿Qué tipo de favor? No, no me digas. ¿Quiere que hagas otro ridículo como el que hizo en el teatro? Por favor dime que no, porque soy capaz de ir y decirle que cuando quiera hacer esa clase de idioteces que las haga él solo y...
- No tiene nada que ver con el teatro...
- Pero sí con su estúpida enamorada ¿no? - Zack asintió - Bueno, ¿qué te pidió?

De pronto Zack no supo qué contestar. ¿Le diría realmente que él le iba a tener que escribir una carta de amor a Nicole? Se pondría histérica, le reclamaría a Daniel y al final no tendría que hacer nada para Nicole. Por un lado eso sonó bastante tentador. Así se libraría de cualquier obligación y se tendría que olvidar de todo, pero...

- Quiere que piense a qué restaurante puede ir con su novia para poder sorprenderla. Creo que van a tener un aniversario, o no sé cómo se diga cuando cumplen meses de novios y...
- Y quiere que tú le hagas la reservación ¿no?
- Sí. - asintió. Romina suspiró muy molesta, trataba de controlarse, odiaba que su hermano ocupara a Zack para sus tonterías amorosas. - no sé, yo no conozco muchos restaurantes elegantes y pues me pareció que nuestra amistad podría regresar si lo ayudaba y...
- Tranquilo, te entiendo. - Zack se sorprendió - Te daré la tarjeta del mejor restaurante al que he ido. Daniel no lo conoce, pero estoy segura que eso controlará sus hormonas de post-adolescente estúpido.

Zack se sorprendió, no sabía qué responderle, y más porque había mentido. Comenzaba la culpabilidad.

- Ya con eso te va a dejar en paz. ¿Qué dices?
- Gracias Romina. - Sonrió. Ella también lo hizo, volteó a ambos lados del pasillo y sin que Zack lo esperara le dio un beso en los labios.
- Tengo una idea.
- ¿Cuál?
- Conozcamos el restaurante que te digo. Hoy tengo que celebrar.
- ¿Por qué?
- Sí me hubieras escuchado lo sabrías. Pero no importa, ahora que tengo tu atención te lo diré: me llegó un correo electrónico. - sacó su iPhone y le mostró - es una carta de la escuela de artes de Nueva York. Quieren hacerme una entrevista para estudiar actuación.
- ¿De verdad? - Romina asintió bastante feliz - ¡Felicidades Romina! Te lo mereces tanto.
- ¡Lo sé! - respondió sin un gramo de humildad - ¿Qué dices? ¿Vamos al restaurante a celebrar?
- Por supuesto. - Romina repitió el procedimiento de buscar a alguien por los pasillos y de nuevo le plantó un ligero beso a Zack.
- ¿Te parece si nos vemos a las 8? Pasas a mi casa y de ahí te llevo.
- Perfecto.
- Muy bien. - ahora sin mirar a ninguna parte le dio otro beso. - Te veo al rato. - Zack asintió. De pronto le vino a la cabeza un pensamiento. - Romina... - ella volteó - ¿Me ves diferente? - Romina asintió. - ¿Qué tengo de diferente?
- No lo sé. Es como si de pronto... no pudiera dejar de verte.

Zack sonrió, ella le mandó un beso de lejos y se encaminó en los pasillos.

El chico se le quedó mirando. Sabía que le había mentido a Romina, pero no se arrepentía, llevaba horas pensando en qué escribir y no perdería la oportunidad de llevarle un anónimo... en nombre de Daniel.

- Querida Nicole... - pensó en voz alta - no entiendo por qué y no quiero saber por qué, pero me traes loco. - asintió - sí, ese es un buen comienzo.

Suspiró sin dejar de pensar y se encaminó hacia el estacionamiento.
agosto 07, 2012 | By: Lizzye

Celebración

Los mejores tres meses de su vida iluminados por un sol. Así era como pensaba Daniel respecto a Nicole. Desde la primera vez que la vio supo que estaba enamorado, que existían las coincidencias y que esa mujer debía ser parte de su vida, como ahora mismo estaba pasando. No podía dejar de pensar en su musa todo el día. Odiaba el anocher por tener que separarse de su compañía amando así las mañanas que traían con eso el reflejo del sol en la mirada de Nicole que iluminaba todo.

Los entrenamientos de tenis habían pasado a segundo término. Consideraba a Nicole el mayor trofeo que podría obtener, además ella era su principal boleto para asegurar el triunfo. Querer resultar el número uno de los competidores ante sus ojos lo había hecho crecer en su deporte predilecto. Pasaba cada momento libre pensando en la táctica que usar para hacer que su amada estuviera cada día más enamorada.

Daniel se había levantado antes para preparar la sorpresa que le tenía preparada a su novia para la celebración de aniversario. Comenzó a llamar a su celular sin recibir contestación alguna. Tal vez lo había dejado en otro lado de la casa. Intento con el teléfono pero nada pasaba. El tiempo corría y Nicole no respondía, eso nunca había pasado, comenzaba a sentirse paranoico ante la idea de que algo anduviera mal. Volvió a intentarlo inútilmente mientras caminada de un lado a otro de la habitación. Había quedado de pasar por ella a las 8 creyéndola dormida espero más pero esto era demasiado jamás despertaba tan tarde. Necesitaba saber qué pasaba y el único modo era ir a verla. Se dio un baño apresurado, sin dejar de lado el ir impecable para ella. Tomó las cosas que necesitaría en el día y salió a toda velocidad. Eran más de las 11 de la mañana para cuando él se apareció por fin en su casa.

Llamó al timbre, tocó la puerta, intento con el celular pero nada. Ni siquiera había señales de la chica del aseo que a veces iba. Escucho un ruidito dentro.

-¡Quien sea, abran la puerta de una buena vez! Estoy desesperado, preocupado. Soy capaz de derribar todo si no me dejan pasar. Estoy angustiado. Voy a derribar la maldita puerta.
-¡Daniel, vete!
-¿Amor? Estás bien - dijo respirando por fin tranquilo -¡estaba tan desesperado!
-¡Lárgate!
-¿Te sientes bien? Abre la puerta para mirarte por favor.
- No voy a abrir la puerta.
- Nicole qué pasa.
-Déjame sola. Sólo eso quiero estar sola ¿es tanto pedir?
- Mira, abre la puerta me aseguro que estés bien y me voy.
- Mejor das media vuelta y te largas en este instante o hasta aquí la dejamos. - concluyó tajante - Terminamos y listo, no estoy de ánimos para pelear contigo.
- ¿Estas hablando en serio?
- Tan en serio como tu nombre Daniel de la Reguera.
- ¿Estás molesta por algo? ¿Te sientes mal? ¿Qué pasa pequeña?
- ¡Quiero estar sola! ¿Qué no entiendes?
- Puedo ayudarte.
- Daniel si no te largas ahora mismo...
- Me preocupas.

Nicole resopló fastidiada desde adentro.

- Estoy en mis días - inventó - a menos que sepas curar de alguna manera mágica los cólicos, si no te largas y ya sabes lo que pasa. - Volvió a suspirar tratando de tranquilizarse. Pensó en un plan - Me siento mal, en buen plan, necesito de tu comprensión y cariño y que te vayas. Déjame el tiempo necesario para que pase. Te quiero pero es necesario para mi esto.
- Me voy pero traeré el celular conmigo no importa el momento marcame. Sea lo que sea y vengo echo un rayo.
- Buen día. - lo despidió.
- Feliz aniversario, te amo y espero que te recuperes.

Daniel caminó despacio hacia su auto mirando la casa de Nicole. Estaba ausente, preocupado por su salud, esperando se repusiera pronto para verla y celebrar juntos un mes más. Cómo odiaba la naturaleza femenina que lo separaba de su amor.

Manejo rápido hasta el colegio. Ya era demasiado tarde cuando por fin dejo su auto aparcado. Se dirigió a su salón, necesitaba aunque sea tomar los apuntes o algo. Casi se estrella con Zack quien venia cabizbajo pensando en sus propios asuntos que tenían que ver exactamente con los mismos de que su amigo: Nicole. Ambos se sorprendieron al mirarse.

- ¡Zack! Hermano, ¿dónde te has metido? - preguntó Daniel dando un apretón de manos a Zack que estaba realmente sorprendido de su actitud
- ¿Dónde me he metido? He estado aquí todo el tiempo.
- ¿En serio? - Zack lo mal miró y Daniel supo que no mentía - Ok, yo sé que hemos andado alejados últimamente, pero bro, nunca vas a dejar de ser el mejor de todos mis amigos.
- Según yo eso estaba claro - reclamó ofendido.
- Y lo está, pero es que sabes que Nicole de verdad ha llegado a revolucionar mi vida, ha hecho que desee cosas que jamás creí posibles en mí. Me hace cada día un hombre mejor. No me gusta separarme ni un solo segundo de ella.
- Eso me queda clarísimo - dijo Zack en voz baja, Daniel no lo escuchó.
- ¿Sabes? Ahora mismo se armó un dramón. No la quería dejar sola, se sentía tan mal. En fin días de chicas. Romina se pone mucho peor.
-¿Se siente mal tu novia? - preguntó preocupado, al darse cuenta tomó una actitud sin importancia - ¿En serio?
- Sí, jamás había visto que le diera tan fuerte desde que la conozco.  Ni siquiera me quiso abrir la puerta. - apretó los labios bastante triste.

Zack, por otro lado se quedó pensativo. Él sabía que lo ponía mal lo que estaba sintiendo luego de bofetada que le dio Nicole, ¿Pero y ella? ¿Podría ser que ella estuviera igual o peor de confundida que él con lo que había pasado en los balcones ¿Y si de verdad se sentía mal?

-Me tuvo que amenazar para que dejara de tocar a su puerta. - continuó con su relato - Me dijo que si no me largaba, aunque me amara, hasta allí la íbamos a dejar porque se sentía demasiado mal como para encima tener que pelear conmigo. Espero que pronto se sienta mejor.
- Ante ese tipo de "situaciones" no puedes hacer nada.
- Eso es verdad, pero no me gusta dejarla sola.
- ¿Por qué no? La verdad es que hasta me aburren, parecen mueganos yendo pegado a todas partes.
- No lo podría explicar, - dijo sonriendo - pero no puedo dejar de mirarla de abrazarla de estrechar su perfección entre mis brazos, de olerla, de besarla.

Zack giró los ojos y suspiró fastidiado. Daniel sonrió satisfecho. Él era listo, perceptivo, por eso era tan bueno en tenis, tenía una intuición en adivinar las intensiones de sus rivales, saber dónde iba la pelota era justo  una de sus mayores virtudes.

Daniel sabía las intensiones de Zack. No necesitaba que hablara, se lo confesara, lo conocía mejor nadie. Tampoco es que supiera todo lo que Zack pensaba, pero se había dado cuenta que él odiaba justo los momentos en que estaba junto a Nicole. Ignoraba las conversaciones en donde él era inmensamente feliz con la mujer de sus sueños. En pocas palabras, Daniel sabía que Zack estaba celoso, lo admitiera o no.

Lo que había dicho Nicole a Zack era cierto. Ella le había insistido que conviviera de nuevo con Zack, que fueran amigos de nuevo, pero Daniel se había negado con cualquier pretexto. No iba a dejar sola a Nicole, no iba a permitir que otro se acercara a ella.

Ni siquiera Zack.

- Ya es hora de clase, te veo allá. - se dio la media vuelta para continuar el camino en que estaba.
- No, espera. - Daniel lo tomó del hombro - Te quiero pedir un favor.
- No voy a ir a apartar el teatro para que le hagas otro número romántico a Nicole.
- No, no es eso. Aunque no es mala idea, eso ya lo vio - Zack de nuevo giró los ojos, Daniel disfrutó del momento.
- Es otra cosa: quiero que me ayudes a escribirle un poema a mi novia - hizo énfasis en lo ultimo - Por favor, sabes que soy malo para los poemas y esas cosas. He querido cantarle otra canción, pero temo que se pueda hartar de mi repertorio.
- ¿Y qué te hace pensar que yo puedo escribirle un poema a "tu novia"?
- Eres mejor que yo, admítelo.
- Estás loco, yo no...
- Por favor Zack. ¡ Piénsalo! Puedo convertirme en tu esclavo, te ayudo con mi hermana si quieres, pero es que esas cosas cursis no me salen tan bien como a ti.  - Atrapó a Zack para mirarlo justo frente de él - A nadie más puedo pedirle ese favor. Eres en el único que confío...

Zack cambió de lado la mirada tratando de zafarse del chantaje.

- Vamos hermano, ayúdame. ¿Qué dices?