Era quien eres, serás quien soy.
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Historia
Jorge Santayana.
Nicole es una vampiresa despreocupada de la vida. Le gusta vivir cómoda y plácidamente, haciendo que los demás hagan lo que sea por ella.
El día que llega a la capital, decide entrar a la universidad para pasar el tiempo.
Nada en su vida cambia, pues aprovecha su belleza y misterio para hacer lo que le place hasta que conoce a Zack, un chico completamente invisible para el mundo.
Pero algo extraño le ocurre, pues es la única que se da cuenta de su existencia además de causar en ella más intrigas de las que jamás nadie le había causado. Es por ello que Nicole se acercara a Daniel (el único amigo de Zack) sólo para averiguar por qué la intriga tanto, tratando de no despertar ninguna sospecha sobre ella o la curiosidad que le da un Don nadie.
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Importancias ajenas
Por qué no...
Contenta
Tarareó su canción favorita mientras se bañaba, de hecho, el agua jamás le había hecho tanto bien, la hacía sentir fresca y revitalizada - ella misma se rió al sentir que salía de un comercial - y se cambió con tal gracia que parecía estar en una boutique probandose algo nuevo, eligiendo algo que la hiciera lucirse. Hasta el maquillaje fue casi natural, se sentía tan bien que el ánimo la hacía verse más bonita de lo que siempre era.
Ese día nada podía salir mal.
Bajó a desayunar y se encontró con la sorpresa de que ya estaba todo listo y en la mesa. Cuando dio los buenos días sus padres le informaron que Daniel ya se había ido a la escuela.
- ¡Uy, que sorpresa! - dijo irónica metiendose un pedazo del pan frances a la boca.
- ¿Por qué lo dices de esa forma? No me digas que sigues disgustada con él por lo de ayer en la noche.
- No, para nada. En realidad no estoy enojada ni disgustada ni nada. Hoy me siento muy bien mamá. La vida de Daniel es la de él y si la quiere arruinar con esa... chica, es su problema - sonrió y le dió un beso en la mejilla. - Qué bien sabe este pan mamá, felicidades.
Los padres de Romina se voltearon a ver entre si, nada seguros de qué era lo que le pasaba a su hija. Romina miró el reloj y partió despidiendose como toda buena hija de los padres. Subió a su coche y lo arrancó dejandose llevar.
En el camino iba pensando en lo que dijo su mamá. Tenía toda la razón, debía de estar enojada, o molesta con Daniel, después de todo le echó en cara todas las "cualidades" de esa güera desabrida. Si se enojó mucho e hizo coraje, lo que menos quería era que Daniel se fijera en ella y pudieran... "emparentar". Al pensar la última palabra le dio escalofrios.
Despejó su mente y decidió que eso no la molestaría. Era lunes, tenía muchas cosas que hacer y estaba tan de buenas que ni esa güera tonta le arruinaría nada.
Inclusive se sintió emocionada por ver a Zack, jamás había pensado que se podía divertir tanto con él, parecía ser que esa tendencia de desaparecer ante la gente también le había afectado a ella y no lo había notado como ahora lo hacía. Algo tenía, sentía una energía especial en él, no comprendía qué era, si algo que le empezaba a gustar o algo más. Aunque ignoraba qué podía ser ese "algo más".
Llegó pavoneandose como de costumbre, saludando a quien se le atravesara en el camino, dejándose desear y provocando con su mirada y sonrisa encantadoras. Llegó al salón donde todas las miradas se dirigieron a ella, Estefanía -con su nueva actitud- halabó a su amiga. No podía estar más complacida.
En una hora libre decidió ir al teatro acompañada de Estefanía para buscar al maestro. Aun estaba molesta con él por haberle dado el papel "provisional" a esa güera flacucha, pero recordó que todo era como eso, provisional de un sólo día. Si quería el papel de Romina ya lo tuvo, y no lo dejaría ir de nuevo.
Pero algo extraño pasó al cruzar esa puerta: el profesor de teatro y Daniel estaban platicando. Se acercó intrigada, cuando ambos la notaron callaron de inmediato.
- Buenos días profesor ¿Cómo le va?
- Romina, querida ¿qué te trae tan temprano?
- No sabía que tenía algún tipo de restriccion para entrar al teatro.
- No, claro que no Romina. Pero si me sorprende.
- Pues... en ese caso, si no quiere mi presencia en este lugar, yo me...
- No, no Romina. - El profesor bajó de un brinco para alcanzarla - no verás, es que tu hermano tiene una enorme sorpresa.
Romina miró a Daniel y él torció la boca. Parecía ser que no estaba de acuerdo con que el profesor le dijera algo.
- ¿De verdad? ¿Qué sorpresa?
- Una que no te concierne, hermanita. - interrumpió rápidamente antes de que el profesor abriera la boca. Eso causó sólo más curiosidad a su hermana. Ella sonrió de forma maldosa y se dirigió a las escaleras del escenario.
- ¿En serio? ¿Estas seguro que no me concierne? ¡Qué poco me conoces hermanito! - dijo ya arriba del escenario - Todo lo que te pase a ti me interesa y me preocupa - sonrió tiernamente y él sólo la retó con la mirada, hasta que finalmente cedió.
- Sólo... sólo no digas nada.
- No soy una chismosa. - Daniel miró a Estefanía que estaba con la mirada perdida distraida en los colores del telón. Giró los ojos.
- Pues... - pero justo en ese instante se oyó el ruido de cayas cayendo, el profesor gritó y todos se asomaron a ver. Era Zack que estaba recogiendo la utilería que había tirado. Cuando vió a Romina él volvió a tirar las cosas sin querer. Romina no pudo dejar de sonreir divertida. La torpeza de Zack le causaba cierta ternura.
- Romina, que bueno que estás aqui.
- ¿Dónde más iba a estar?
- Es que yo no pensé que Daniel también te metiera en su loco plan para hacer a Nicole su novia.
Romina abrió los ojos como plato y volteó hacia su hermano.
- ¿Novia? - preguntó molesta a lo que Daniel sólo suspiró.
Bueno, eso podía ser un buen motivo para arruinarle el día a Romina.
Anotaciones
Empezó dictándole a Zack lo que tenía que hacer.
- Lo único que no se me dan son las palabras de amor.
- ¿Y Cómo es que conquistas a las demás? - preguntó Zack que ya había encendido su lámpara de mesa y estaba sentado en su cama anotando.
- Pues es sólo cuestión de miradas, del momento y de un buen beso.
- ¿Y jamás les dices nada?
- No siempre hay necesidad. Y cuando la hay, no hay que ser muy creativo, se pueden usar las mismas palabras muchas veces - Zack giró los ojos y agradeció estar del otro lado del teléfono.
Zack siempre había pensado que Daniel conquistaba con palabras y ahora había descubierto que no era así. Daniel era y sería siempre un mortal como él, sólo que un mortal con mucha más suerte que él.
- Bueno, entonces anota... - Ordenó Daniel
- Anoto...
- Tus ojos miel y tu piel blanca me conquistan sólo al mirarte.
- Ahm... - Interrumpió Zack, en ese momento recordó que no era así. Según él recordaba eran de otro color, verdes sino estaba equivocado. - ¿seguro que son miel?
- ¡Claro! ¿Crees que no lo sabría?
- Bueno... - seguía sin estar seguro. Quizás eso del enamoramiento de Daniel era sólo del momento, sino recordaría tan bien como él el color de ojos de su amada. Romina los tenía azules profundo, esos ojos que lo hipnotizaban. Aunque bueno, también podía estar equivocado con lo de Nicole. - ¿Luego?
- Tus aperlados dientes que destellan la sonrisa de... no, olvida eso. Tu sonrisa que opaca al sol... no, ahm - empezó a dar vueltas en su habitación - bueno, sabes que me refiero a algo de su sonrisa.
- Sonrisa, anotado. ¿qué más?
- No sé. - se quedó pensando - Yo no sé, sólo sé que no puedo dejar de pensar en ella, que me vuelve loco, que sus ojos me pierden, que estoy locamente enamorado de ella. - suspiró - ¿Anotaste todo?
- Anotado.
- Repítemelo.
- Ok, a ver... - acercó el cuaderno a sus ojos - Nicole: tienes ojos miel y piel blanca que me conquistan al mirarte. Una sonrisa que opaca al sol. No puedo dejar de pensar en ti, me vuelves loco y estoy locamente enamorado de ti.
- ¡Perfecto! Ahora todo eso arréglalo para que se oiga romántico ¿ok?
Zack gruño molesto.
- ¿Alguna otra cosa jefe?
- No, creo que por ahora es todo. De todas maneras ya te dije que nos vemos en la mañana, a las 6 en la escuela para que podamos arreglar el plan ¿ok?
- ¿Quieres que llegue a las 6? ¿Ya te diste cuenta que son las 5?
- Sí y yo que tú me apuraba, nos vemos al rato.
- Pero... - Daniel colgó - cuando quieras amigo... - Zack suspiró y miró lo anotado en el cuaderno. No podría arreglar esas notas para que parecieran una carta de amor. Cerró los ojos, ya no tenía sueño, Daniel se lo había quitado. Suspiro de nuevo y le llegó a la mente la imagen de Romina sonriendo. Esa sería una buena fuente de inspiración.
Empezó a escribir la carta.
A las 5:50 en punto salió de su casa. Su tía apenas se había percatado de su huida porque seguía muy dormida. Sólo alcanzó a decirle:
- Que Dios te cuide - y cayó dormida de nuevo.
Manejó rápido para llegar a tiempo, y sin que se lo propusiera llegó antes que Daniel.
- Me encanta tu puntualidad - dijo irónico a Daniel - Y bueno ¿Ahora qué? ¿Por dónde empezamos?
- Al teatro, ya sé cómo es que arreglaremos todo - Daniel sonrió bastante seguro y eso le dio confianza a Zack.
Daniel le dio unas palmadas en la espalda y caminaron a prisa al teatro de la escuela.
Ambientes tranquilos
Nicole se quedo dormida en cuanto toco la almohada. Comenzó a verse con ropa de su época en lo que parecía un picnic, mientras contemplando un lago. Su corazón parecía acelerado, se sentía tan feliz. Platicaba con el viento, aunque era tonto hablar con el viento, sospechaba que debía haber alguien más, porque teniendo una cesta de comida de frente demasiado grande para ella sola.
De repente se levantó y caminó con rumbo al lago. Su felicidad disminuía con cada paso,
-Hora de irme-dijo triste.
-¿Tan pronto? eso significa que no podré terminar porque mi musa se va-dijo la voz triste de un hombre.
Sonrió cuando escuchó un susurro muy cerca. Efectivamente pudo ver que como lo sospechaba no estaba sola, un chico estaba cerca, no podía mirarlo pero sabía que estaba allí.
-Efectivamente, sino queremos problemas con el papá, los hermanos, el prometido y hasta la madrastra-sonrió sin alegría.
-Pero-se acercó y tomó su rostro entre las manos-estoy feliz porque esto sol significa que nos veremos de nuevo pronto… ya sabes para terminar la creación de mi dibujo… quiero decir.
Ella sonrió feliz de oír sus palabras y entonces escuchó un reloj yel rostro y sueño se esfumaron.
Despertó con el tiempo necesario para prepararse para la escuela. Se dio un chapuzón y colocó un vestido sencillo de color rosa pálido, un poco de gloss y el pelo sujeto en una coleta de lado.
Salió de su casa colocándose sus gafas de sol y su bolso. Arrancó el auto a toda velocidad saliendo del fraccionamiento cuando recordó que había dejado su iphone. Ni hablar le tocaría regresar.
Bajó del auto corriendo y volvió en un par de segundos hasta el con el aparato estaba apunto de subir cuando escuchó un grito ahogado, miró en la dirección de la que proveía.
Una bolsa de supermercado echa añicos dejo regar todo por el piso. Nicole se acercó a ayudar. Tomó uno de los productos y lo tendió a la mujer de mirada tierra. Era su vecina.
-Buenos días-dijo ella sonriendo enormemente mirándola atenta.
-Buenos días-agregó Nicole, se quitó los lentes para colocárselos en la cabeza y le sonrió tímidamente y le ayudo a recogerlos.
Sus ojos verdes resplandecientes le recordaba un poco a Zack que tanto la enfadaba pero la señora se veía tan dulce. Tenía poco más de 50 años, era delgada, de piel blanca, las arrugas no lograbas borrar lo guapa que aún era, pelo castaño tirando a rubio y una dulce sonrisa. Sus manos eran otro asunto tenía claramente síntomas de artritis.
-Permítame-dijo saliendo corriendo al auto. Sacó todas las cosas del bolso y corrió de vuelta hasta la señora.
-Espero que baste-sonrió.
-No tienes que molestarte cariño.
-Permítame insistir, va a ser más fácil así.
-Muchas gracias-ambas terminaron de colocar todo en la bolsa.
-Listo.
-Eres muy amable y hermosa. Y yo… bueno te debo una disculpa por no mostrar mi educación cuando llegaste a vivir aquí. Debí ir enseguida a saludarte y darte la bienvenida y ofrecer que cualquier cosa que necesites y este en mí ayudar no dudes en pedirlo, soy tan descortés. Mi justificación es que por una u otra cosa no he podido hacerlo, y en verdad lo siento.
Tantas palabras a la vez, aun así Nicole se sintió agradecida-No se preocupe muchas gracias por sus palabras, también si puedo ayudar en algo no dude pedirlo-le ofreció su mano para saludarla- Soy Nicole.
-Carmen, tú puedes llamarme como quieras y tendrás que aceptarme una comida en manera de disculpa y agradecimiento por lo de ahora.
-Encantada de conocerla y de acompañarla en una comida.
-Ahora, me veré muy preguntona pero tu no eres de aquí verdad.
-Efectivamente, soy italiana.
-Chicas tan linda son hay por aquí.
-Favor que me hace.
-Nada de propiedad conmigo. Favor que me haces Carmen, carmelita como gustes
-Favor que me haces. Cielos la hora no me había dado cuenta debo irme o no llego al colegio. Encantada de conocerte y siento que nuestra presentación sea tan breve.
-No te preocupes la escuela es la escuela. Cuando quieras, esta es tu casa-dijo dejando boquiabierta a su Nicole. La había invitado a pasar a su hogar tan fácil. Eso seria útil tal vez alguna vez, si la obsesión por descubrir la intriga seguía.
Se despidió de ella con un beso en cada mejilla-Cuídate Carmen nos vemos pronto.
-Espero que si, también espero poderte presentar a mi sobrino.
Nicole tuvo que aguantar un gesto de molestia al pensar en él. Se colocó las gafas de nuevo y subió a su auto acelerando de golpe. Algo bueno iba a sacar de todo esto y para su conveniencia.
Su mejor amigo
Se orilló pegándose a la pared, empezó a contar borregos imaginarios y sin pensar en que quería dormir, se quedó dormido. Empezaba a ver nuevas imagenes mentales, aun sin encontrarles alguna forma cuando su teléfono empezó a hacer ruido.
Despertó con demasiada pereza y molestia. Justo había conciliado sueño como para que lo despertaran de nuevo. En la pantalla apareció el nombre de Daniel y Zack estuvo a punto de colgarle...
- ¿Bueno? - pero inconcientemente contestó.
- Zack necesito ayuda. No puedo dejar de pensar en ella. Necesito encontrar la manera de conquistarla y que sea pronto, por favor necesito tú ayuda.
- ¿Qué? no te entiendo nada. - Miró el reloj de su celular - son las 4 de la mañana ¿A quién se le ocurre llamar a esta hora?
- ¿Qué? ¿Las 4 de la... - Daniel miró el reloj de su casa - ¡Oh! Perdón, no me di cuenta de que fuera tan tarde.
- Por tu culpa no voy a poder dormir de nuevo. - cerró los ojos - ¿Qué quieres Daniel?
- Necesito tu ayuda.
- ¿Para qué?
- ¿Cómo que para qué? Zack, hoy salí con Nicole ¿lo recuerdas?
- No - mintió - Bueno ¿y?
- Pues necesito que me ayudes. Necesito conquistarla.
- ¿Qué? ¡Ay por Dios Daniel no me vengas con una tontería así! Sabes qué, me voy a dormir y mañana hablamos.
- No, no me cuelgues ¿porqué no me quieres ayudar?
- ¿Estas jugando, cierto?
- Claro que no.
- No me digas que es verdad que tú necesites ayuda para conquistar a una mujer. Por favor, tu guiñas el ojo y todas caen. ¡Ahí está tu solución! Guiñale el ojo ¿ok? Hasta mañana.
- No Zack, no me cuelgues. - ambos se quedaron en silencio. Ninguno de los dos podían creer lo que el otro le decía, pero tan era verdad una cosa como la otra.
Zack se levantó de su cama abriendo los ojos ya más despierto.
- A ver Daniel ¿de verdad no bromeas?
- No - respondió entre fastidiado y apenado - De verdad, necesito tu ayuda, Nicole me gusta mucho y por primera vez, no sé qué hacer. ¿Zack?
- Perdón, pero me cuesta trabajo creer lo que oigo. ¿De verdad necesitas mi ayuda? ¿Te das cuenta a quién se lo pides y lo que le pides? No soy nadie en la escuela, se sientan en mi lugar, cuando platican contigo ignoran que estoy y...
- Zack, te lo pido a ti porque eres mi mejor amigo. ¿en quién más podría confiar?
Zack se quedó mudo. Ya había escuchado decir de Daniel que era su amigo, su compadre y que confiaba plenamente en él, pero jamás, jamás le había dicho eso: que era su mejor amigo.
A Zack se le quitó el sueño por completo y lo escuchó atento.
- De acuerdo Daniel. Dime ¿En qué te ayudo?
Daniel se sintió aliviado. Zack tenía la razón: Zack era un don nadie que podía pasar desapercibido en la escuela, pero era eso mismo lo que lo podía ayudar. No podía dejar de pensar en ella, pero entre los dos encontrarían la forma de que ella tampoco dejara de pensar en él.
Capítulo 6. Sin otra cosa que pensar
No podía evitar tanta adrenalina en el cuerpo. Era increíble la nueva aportación que ella daba a su vida. Nunca antes había conocido eso, y más se emocionaba de pensar lo que ocurriría cuando ella por fin lo aceptara.
Besó a sus padres y hermana en la frente antes de sentarse a la mesa a cenar. Tenía un apetito mucho mayor de lo acostumbrado. Sus padres se mostraron complacidos por ver la actitud de su hijo, a diferencia de Romina quien solo de escuchar el nombre se puso de malas.
-¡Daniel!-le gritó- es suficiente con tener que verla a en los ensayos, con que quiera robarme mi papel todos, como para que ahora ni siquiera pueda cenar a gusto por escucharte hablar de esa… esa güera sin chiste.
- Basta cariño, tu hermano está entusiasmado y yo estoy feliz porque por primera vez creo que mi hijo no se va a casar con una pelota de tenis-sonrió su madre.
-Algo espectacular debe tener esa chica para que estés así-dijo su padre.
-Cuando la conozcas veras, es tan hermosa. Sus ojos, su rostro, su figura, bueno en realidad toda ella es preciosa y su carácter genial no como ciertas amargadas que conozco-agregó riendo.
Romina lo fulminó pero se contuvo de comentarios.
-Entonces no quiero que tu padre la conozca, no sea que me lo quite como ahora mismos está robando los pensamientos de mi hijito-agregó la señora riendo.
-No amor ojos solo soy tuyo, lo sabes-dijo el besando a su esposa fugazmente,
-Tranquila eso no pasara, y bueno creo que al fin de cuentas tu también la vas a adorar y bueno ella me amara a mí, tanto que no tendrá ojos para nadie más.
-¡Bueno ya! ahora ustedes tan bien, le sieguen el juego a este necio. Mejor me largo-gritó Romina levantándose de la mesa y dirigiéndose a su cuarto.
-Acabamos de presenciar los celos de hermana, es tan extraño de parte de Romi. Lo mejor será dejarla sola un se le pasara y mañana estará como si nada-dijo la madre besando a Daniel en la frente- Y tu jovencito mejor será que vayas a terminar pendientes y a dormir o mañana no te vas a parar y estoy segura que no te quieres perder día en el colegio.
Los tres rieron. Y después de eso se marchó a su habitación. Acomodó sus cosas, la tarea ya la tenia adelantada ya mejor fue eso porque ahora mismo no podía hacer nada más que pensar en la tarde y en esa mirada que tan loco lo tenía.
Se tiró en la cama, solo para continuar pensando en su sonrisa. Necesitaba hallar la manera de conquístala pronto o se volvería loco por el ritmo al que iba.
Dio vueltas por la casa como un pequeño cachorro juguetón y no encontraba manera ni forma de sacarla de su cabeza. Su lado conquistador parecía haberse ido de vacaciones justo cuando más lo necesitaba.
Tomó el auricular del telefono. Dio tres timbrazos y escuchó la voz medio dormida de su mejor amigo.
-Zack necesito ayuda. No puedo dejar de pensar en ella. Necesito encontrar la manera de conquistarla y que sea pronto, por favor necesito tú ayuda.










