Estaba a punto de dejar su vida.
No pudo evitar sentir nostalgia y miedo, pero ella misma sabía que todo eso valía la pena. Esa nueva vida valía la pena.
Se quedó sentada sobre una roca mirando el atardecer, suspirando el aroma del agua salada y sintiendo el calor del sol sobre la playa. Cerró los ojos tratando de recordar esa imagen en su cabeza. Tendría esa imagen siempre, del hermoso lugar donde había nacido, crecido y que ahora tendría que abandonar para siempre.
Había hecho una elección: dejar todo lo que conocía, dejar atras la vida de miseria, amargura y sufrimiento por una nueva vida de lujos, privilegios e inmortalidad.
No era un mal trato, tendría que estar a lado del que ya la había comprado, parecía quererla y podía darle todo lo que quería, incluso esto. Tampoco le dolía dejar a sus padres, ellos había preferido venderla por unos animales antes que protegerla o quererla, además jamás habían tenido cariño. Era como estar huerfana con padres.
Había querido escaparse tantas veces, huir con el primer hombre que viniera por ella y le prometiera algo en que caerse muerta. Pero nadie había llegado, y jamás había juntado el valor para salir corriendo.
Cuando llegó aquella persona preguntando por ella y queriendo llegar a un acuerdo, ella no hizo nada. Era lo mejor. Tal vez así podía estar con alguien que la valorara más o con el que al menos no se sentiría tan excluida y sola.
Aquel hombre la compro por unas tierras con animales, sus padres aceptaron gustosos y en la noche él llegó por ella... en la noche, siempre era en la noche.
No la hizo su esposa. Sólo la llevó a su casa y la dejó en una habitación para que durmiera, no dormía. En las mañanas paseaba en los pasillos y generalmente se la pasaba arreglando su cabello. Él siempre llegaba de noche y se iba apenas ella se iba a su habitación. Pero un día él le pidio que la acompañara a las catacumbas de su casa, y ahí le mostró la vida que guardaba, su vida secreta, pero que lo había acompañado desde hacía más de 200 años.
Le mostró todo y le contó lo que podía hacer, la vida ilimitada y el poder que corría dentro de él. Todo sólo por el precio de la sangre, la sangre de personas desconocidas y que sacrificaban su vida para mantener la de él. Eso era lo que podía ofrecerle, eso era lo que le iba a dar.
Ella aceptó.
Ahora tendría que despedirse de todo, del día, de los amaneceres, de los olores como los conocía, del calor que podía sentir en la piel. Ese iba a ser su ultimo atardecer, la última vez que sabía lo que sentiría ser humana.
Tenía miedo.
De pronto sólo sintió como dos manos tocaban sus hombros y los dedos frios recorrían sus brazos.
"¿Estas lista?" preguntó antes de hacerle el cabello a un lado. Ella cerró los ojos recordando como había sido ese atardecer. Ya era de noche y la hora había llegado. Tragó saliva y puso su mente en blanco antes de sentir cómo es que moría.
Abrió los ojos con la opresión y el miedo que el sueño le había dejado. Trataba de no recordar lo que había soñado, pero era inevitable, siempre lo soñaba y así había formado parte de lo que habían sido sus viejos recuerdos. Se levantó de la cama quedandose sentada en la orilla. Tocó su cuello, nunca tenía nada, pero siempre había sentido esa mordedura, la agonía de morir desangrada.
Le había costado trabajo, pero aceptó esos sueños como verdaderos, como parte de lo que fue ella, pero había cosas que la dejaban con más dudas. ¿Cómo pudo dejar la vida que tenía para volver a nacer en algo completamente diferente?
Miró su closet y con un movimiento de muñeca, aun lejos de él, abrió y cerró la puerta. Encendió y apagó las luces sin moverse y llegó su celular a sus manos sólo con desearlo. Sonrió para si misma y se levantó para su ventana, corrió las cortinas.
No lo entendía pero lo aceptaba. Había nacido como alguien completamente diferente a lo que había sido alguna vez, pero ahora ya no tenía limitaciones, el sol, la luz ni la sangre la iban a detener.
Nada ni nadie la iba a detener.
Era quien eres, serás quien soy.
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Historia
"Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo."
Jorge Santayana.
Nicole es una vampiresa despreocupada de la vida. Le gusta vivir cómoda y plácidamente, haciendo que los demás hagan lo que sea por ella.
El día que llega a la capital, decide entrar a la universidad para pasar el tiempo.
Nada en su vida cambia, pues aprovecha su belleza y misterio para hacer lo que le place hasta que conoce a Zack, un chico completamente invisible para el mundo.
Pero algo extraño le ocurre, pues es la única que se da cuenta de su existencia además de causar en ella más intrigas de las que jamás nadie le había causado. Es por ello que Nicole se acercara a Daniel (el único amigo de Zack) sólo para averiguar por qué la intriga tanto, tratando de no despertar ninguna sospecha sobre ella o la curiosidad que le da un Don nadie.
Jorge Santayana.
Nicole es una vampiresa despreocupada de la vida. Le gusta vivir cómoda y plácidamente, haciendo que los demás hagan lo que sea por ella.
El día que llega a la capital, decide entrar a la universidad para pasar el tiempo.
Nada en su vida cambia, pues aprovecha su belleza y misterio para hacer lo que le place hasta que conoce a Zack, un chico completamente invisible para el mundo.
Pero algo extraño le ocurre, pues es la única que se da cuenta de su existencia además de causar en ella más intrigas de las que jamás nadie le había causado. Es por ello que Nicole se acercara a Daniel (el único amigo de Zack) sólo para averiguar por qué la intriga tanto, tratando de no despertar ninguna sospecha sobre ella o la curiosidad que le da un Don nadie.
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Luminosa
Le dio coraje que el tuviera la boca llena de verdades. Estaba espiando, estaba cuidando y al pendiente, tan pendiente… muchísimo más que las demás personas en la escuela. Todo era culpa de esa estúpida obsesión por descubrir que pasaba. Y Claro luego de lo de la cortina sabía que algo más había en ese chico. El resplandor en sus ojos o era común ¿o sí?
La desilusionó saber que no estaba al pendiente de ella como todo los chicos, en realidad había herido su ego, normalmente le hubiera valido pero estaba vez…-cómo es posible que siendo…siendo tan… tan él… tan x no se preocupe por lo que hago-pensó sulfurada.
Precisamente eso quería leer su mente, pero era imposible porque su cerebro no funcionaba como debía, estaba tan molesta.
- Di lo que quieras, sólo no te acerques, ni te asomes a mi ventana.
- Pero está frente a la mía.
- Pues busca un método-¿y porqué algo en ella no quería que el hiciera caso a sus palabras?
Estaba que arrojaba chispas. Lo odiaba, odiaba ese día en que se cruzó frente de ella y en que su insignificancia había llamado su atención. Si eso era, era tan poquita cosa y tan insignificante que eso fue lo que llamó su atención. Porque era obvio que en todos los lados del mundo en que había estado nadie como el pasaba desapercibido, no estaba tan mal, tenía algo y su algo se justificaría como ¿insignificancia? Había más un misterio y lo descubriría.
-¡Basta!-gritó pensando en la única manera de sacar toda esa energía, para no terminar destruyendo sus muebles o gritando y que su vecino la oyera. Cambió el camisón por un traje de baño de una sola pieza color blanco y se dirigió a su única salida, nadar.
Nicole amaba tanto nadar. Desde siempre era su mejor distractor. Miró al cielo, las estrellas y la luna estaban extremadamente brillosas. Las noches eran lo mejor para alguien como ella, su especie se recargaba con noches así, aunque ahora que lo pensaba por fin dejaba de estar nublado en mucho tiempo. Era una noche hermosa, tan luminosa, de esas que se comparten en pareja. Sintió una mirada y se arrojó a la alberca.
La desilusionó saber que no estaba al pendiente de ella como todo los chicos, en realidad había herido su ego, normalmente le hubiera valido pero estaba vez…-cómo es posible que siendo…siendo tan… tan él… tan x no se preocupe por lo que hago-pensó sulfurada.
Precisamente eso quería leer su mente, pero era imposible porque su cerebro no funcionaba como debía, estaba tan molesta.
- Di lo que quieras, sólo no te acerques, ni te asomes a mi ventana.
- Pero está frente a la mía.
- Pues busca un método-¿y porqué algo en ella no quería que el hiciera caso a sus palabras?
Estaba que arrojaba chispas. Lo odiaba, odiaba ese día en que se cruzó frente de ella y en que su insignificancia había llamado su atención. Si eso era, era tan poquita cosa y tan insignificante que eso fue lo que llamó su atención. Porque era obvio que en todos los lados del mundo en que había estado nadie como el pasaba desapercibido, no estaba tan mal, tenía algo y su algo se justificaría como ¿insignificancia? Había más un misterio y lo descubriría.
-¡Basta!-gritó pensando en la única manera de sacar toda esa energía, para no terminar destruyendo sus muebles o gritando y que su vecino la oyera. Cambió el camisón por un traje de baño de una sola pieza color blanco y se dirigió a su única salida, nadar.
Nicole amaba tanto nadar. Desde siempre era su mejor distractor. Miró al cielo, las estrellas y la luna estaban extremadamente brillosas. Las noches eran lo mejor para alguien como ella, su especie se recargaba con noches así, aunque ahora que lo pensaba por fin dejaba de estar nublado en mucho tiempo. Era una noche hermosa, tan luminosa, de esas que se comparten en pareja. Sintió una mirada y se arrojó a la alberca.
Ventanas vecinas
Dio el brinco de su vida ¿Pero qué...?
Las cortinas se corrieron, no de la misma forma en que él lo había hecho ¿ O sí? Miró afuera y encontró a Nicole sonriendo orgullosa, como si se hubiera desquitado de lo que había hecho.
- ¿Cómo lo hiciste? - fue lo único que se atrevió a preguntar, quizás descubriendo cómo lo había hecho se explicaría cómo lo hizo él. Tal vez.
Pero ella no dijo nada, se quedó mirándolo y alzó la ceja.
- Magia.
- ¿Magia?
- Busca otra explicación. - Zack se quedó callado, no podía dejar de contemplarla. Daniel tenía toda la razón, ella era muy bonita, más que bonita. Está bien, de eso ya se había dado cuenta, pero teniendola enfrente parecía... - ¿Ahora eres mudo?
- No, no lo soy.
- Entonces deja de poner esa cara de tonto. Está bien que hayas salido del hospital, no del psiquiatrico.
- ¿Sabías que estaba en el hospital?
Nicole puso los ojos en blanco.
- Todos en la escuela se enteraron.
- Claro, tienes razón. Pensé que a nadie le interesaba saber que estuve en el hospital.
- ¿Y qué te hace pensar que a mi me interesó?
Touché. Pero a Zack le hubiera gustado que así hubiera sido.
- ¿Y por qué espiabas en la ventana? - preguntó curioso.
- Yo no estaba espiando. Sólo estaba... detras de mis cortinas. Para mi el que espiaba era otro.
- No, no espiaba. Sólo tenía curiosidad de saber quien se había mudado del otro lado.
- Pues no te vayas a emocionar por tenerme de vecina.
- Nadie se emocionó. - dijo de una forma fria que Nicole pareció ofenderse.
- No te creo.
- Si leyeras mi mente lo podrías confirmar. - Nicole pareció más molesta aun.
- Di lo que quieras, sólo no te acerques, ni te asomes a mi ventana.
- Pero está frente a la mía.
- Pues busca un método.
Acto seguido Nicole cerró la ventana y cerró las cortinas de golpe, tan molesta.
Zack se quedó todavía esperando a que ella saliera. ¿Pero por qué iba a salir? Se regresó a su habitación y también cerró. Se acostó de nuevo en su cama y cerró los ojos.
Que bueno que Nicole no podía saber lo que pasaba por la mente de Zack. Estaba emocionado de tenerla de vecina.
Las cortinas se corrieron, no de la misma forma en que él lo había hecho ¿ O sí? Miró afuera y encontró a Nicole sonriendo orgullosa, como si se hubiera desquitado de lo que había hecho.
- ¿Cómo lo hiciste? - fue lo único que se atrevió a preguntar, quizás descubriendo cómo lo había hecho se explicaría cómo lo hizo él. Tal vez.
Pero ella no dijo nada, se quedó mirándolo y alzó la ceja.
- Magia.
- ¿Magia?
- Busca otra explicación. - Zack se quedó callado, no podía dejar de contemplarla. Daniel tenía toda la razón, ella era muy bonita, más que bonita. Está bien, de eso ya se había dado cuenta, pero teniendola enfrente parecía... - ¿Ahora eres mudo?
- No, no lo soy.
- Entonces deja de poner esa cara de tonto. Está bien que hayas salido del hospital, no del psiquiatrico.
- ¿Sabías que estaba en el hospital?
Nicole puso los ojos en blanco.
- Todos en la escuela se enteraron.
- Claro, tienes razón. Pensé que a nadie le interesaba saber que estuve en el hospital.
- ¿Y qué te hace pensar que a mi me interesó?
Touché. Pero a Zack le hubiera gustado que así hubiera sido.
- ¿Y por qué espiabas en la ventana? - preguntó curioso.
- Yo no estaba espiando. Sólo estaba... detras de mis cortinas. Para mi el que espiaba era otro.
- No, no espiaba. Sólo tenía curiosidad de saber quien se había mudado del otro lado.
- Pues no te vayas a emocionar por tenerme de vecina.
- Nadie se emocionó. - dijo de una forma fria que Nicole pareció ofenderse.
- No te creo.
- Si leyeras mi mente lo podrías confirmar. - Nicole pareció más molesta aun.
- Di lo que quieras, sólo no te acerques, ni te asomes a mi ventana.
- Pero está frente a la mía.
- Pues busca un método.
Acto seguido Nicole cerró la ventana y cerró las cortinas de golpe, tan molesta.
Zack se quedó todavía esperando a que ella saliera. ¿Pero por qué iba a salir? Se regresó a su habitación y también cerró. Se acostó de nuevo en su cama y cerró los ojos.
Que bueno que Nicole no podía saber lo que pasaba por la mente de Zack. Estaba emocionado de tenerla de vecina.
Un vistazo
La mañana estaba aburrida. Nada nuevo en las clases y el chisme viejo de que salía del hospital el tipo x ya no tenía ningún sentido. Nicole seguí tratando de integrarse, ante todos los alumnos de la escuela era un notable hecho que ya estaba dentro, no podían pasarla por alto y la incluían en todos lados, sin embargo ella seguía sin verle el caso.
Los ensayos de teatro estaban fatales por más que intentaba no podía bajar la voz para dejar que su compañera se luciera, tendrá que arreglarlo pronto. Un día de estos tal vez se decía cada que lo recordaba. La verdad cuando tienes una eternidad los tiempos pierden importancia. Aunque ahora que pensaba, había algo que si llamaba su atención por fin hoy volvería del hospital y entonces… Y entonces nada se regaño mientra se dirigía a su auto.
Estaba tan molesta que no se percato de la presencia cerca de Daniel hasta que lo tuvo casi enfrente. En fin hora de enfrentarlo. Mejor solucionarlo ahora y no mañana, cuando estuviera acompañado de gente indeseable.
Daniel solo consiguió revolverla y eso le ocasionó tanta risa. Literalmente hacia tanto que no reía que se sorprendió de escucharse. Además por una vez en la vida parecía que en efecto era diferente a todos. ¡Inteligente! buena táctica y algo llamativo de su persona que Nicole tomaría muy encuenta sumándolo a sus atributos su sinceridad.
Lo besó y se dirigió a casa emocionada y desesperada por llegar. Pidió a sus sirvientes marcharse temprano quería estar sola. Se dio un baño rápido y puso cómoda con un camisón.
Fracaso en su intento de leer un libro que dejo abandonado cuando las letras nada más no le entraban y seguía inquieta. Escuchó un auto frenar eran ellos. Se regaño de nuevo por estar pendiente sin embargo no pudo evitarlo la curiosidad por descubrir si podría avanzar en las lecturas del pensamiento de ese chico no la dejaban. Así que aguzó el oído para escuchar los pensamientos de Daniel, demasiada miel de su parte y apenas escuchaba lo que le respondía el otro. Que parecía no poner ningún interés en el tema del enamoramiento de su amigo, ja, pensó y se recostó ahora en la sala.
Daniel se marchó luego de un rato. Nicole decidió irse a su cuarto, se tiró en la cama pero el aburrimiento continuaba. Se fue a sentar al balcón a ver la luna cuando escuchó ruido al otro lado, se metió corriendo, y cerró las cortinas de golpe y miró detrás de ellas. Se veía mejor, bueno cuando menos ya no tenía todos esos aparatos rodeando su cuerpo, eso le daba gusto.
Deseaba tanto salir y cohibirlo como hacia con todos los chicos con solo mirarlos, pero eso significaba que él viera que le prestaba atención, cosa falsa por supuesto. Pero si moviera las cortinas. Lucía curioso asomándose como para ver quien vivía allí. Nicole decidió apagar la luz por si el chico lograba mirar algo más. Sin embargo continuó allí pensando que sería genial ver su reacción.
Las cortinas se abrieron de golpe sorprendiendola. Se miraron pero ella reaccionó y cerró enojada de golpe las cortinas por ser descubierta ¿Cómo se abrieron? ¡Tontas cortinas! ¿y el aire no era tan fuerte o sí? ¿Cómo lo había logrado? Muy misterioso. No era el único capaz pensó ella tomándolo como reto, sonrió. Cosa de unos segundos, corrió al patio trasero; tomó una vara larga de un árbol, abrió su cortina saliendo al balcón y jaló la cortina y escondió la rama en un segundo.
Zack pegó un brinco de sorpresa, ella tuvo que contener la carcajada. Y comenzó a mirarlo atenta... comenzaron a mirarsé atentos.
Los ensayos de teatro estaban fatales por más que intentaba no podía bajar la voz para dejar que su compañera se luciera, tendrá que arreglarlo pronto. Un día de estos tal vez se decía cada que lo recordaba. La verdad cuando tienes una eternidad los tiempos pierden importancia. Aunque ahora que pensaba, había algo que si llamaba su atención por fin hoy volvería del hospital y entonces… Y entonces nada se regaño mientra se dirigía a su auto.
Estaba tan molesta que no se percato de la presencia cerca de Daniel hasta que lo tuvo casi enfrente. En fin hora de enfrentarlo. Mejor solucionarlo ahora y no mañana, cuando estuviera acompañado de gente indeseable.
Daniel solo consiguió revolverla y eso le ocasionó tanta risa. Literalmente hacia tanto que no reía que se sorprendió de escucharse. Además por una vez en la vida parecía que en efecto era diferente a todos. ¡Inteligente! buena táctica y algo llamativo de su persona que Nicole tomaría muy encuenta sumándolo a sus atributos su sinceridad.
Lo besó y se dirigió a casa emocionada y desesperada por llegar. Pidió a sus sirvientes marcharse temprano quería estar sola. Se dio un baño rápido y puso cómoda con un camisón.
Fracaso en su intento de leer un libro que dejo abandonado cuando las letras nada más no le entraban y seguía inquieta. Escuchó un auto frenar eran ellos. Se regaño de nuevo por estar pendiente sin embargo no pudo evitarlo la curiosidad por descubrir si podría avanzar en las lecturas del pensamiento de ese chico no la dejaban. Así que aguzó el oído para escuchar los pensamientos de Daniel, demasiada miel de su parte y apenas escuchaba lo que le respondía el otro. Que parecía no poner ningún interés en el tema del enamoramiento de su amigo, ja, pensó y se recostó ahora en la sala.
Daniel se marchó luego de un rato. Nicole decidió irse a su cuarto, se tiró en la cama pero el aburrimiento continuaba. Se fue a sentar al balcón a ver la luna cuando escuchó ruido al otro lado, se metió corriendo, y cerró las cortinas de golpe y miró detrás de ellas. Se veía mejor, bueno cuando menos ya no tenía todos esos aparatos rodeando su cuerpo, eso le daba gusto.
Deseaba tanto salir y cohibirlo como hacia con todos los chicos con solo mirarlos, pero eso significaba que él viera que le prestaba atención, cosa falsa por supuesto. Pero si moviera las cortinas. Lucía curioso asomándose como para ver quien vivía allí. Nicole decidió apagar la luz por si el chico lograba mirar algo más. Sin embargo continuó allí pensando que sería genial ver su reacción.
Las cortinas se abrieron de golpe sorprendiendola. Se miraron pero ella reaccionó y cerró enojada de golpe las cortinas por ser descubierta ¿Cómo se abrieron? ¡Tontas cortinas! ¿y el aire no era tan fuerte o sí? ¿Cómo lo había logrado? Muy misterioso. No era el único capaz pensó ella tomándolo como reto, sonrió. Cosa de unos segundos, corrió al patio trasero; tomó una vara larga de un árbol, abrió su cortina saliendo al balcón y jaló la cortina y escondió la rama en un segundo.
Zack pegó un brinco de sorpresa, ella tuvo que contener la carcajada. Y comenzó a mirarlo atenta... comenzaron a mirarsé atentos.
Como si fuera...
- ¿Lo seguimos esperando? Ya se retrasó una hora.
- Les dije que ya no lo esperaran. Daniel es un irresponsable.
- No le digas así Romina, tú hermano es muy responsable.
- ¿Y entonces por qué no ha llegado? No me mal interprete señora, pero mi hermano a veces tiene la cabeza en otro lado y suele olvidar las cosas importantes, como su sobrino.
- Quizás tuvo algún inconveninte.
- O quizás se tropezó con alguien. - se dijo para si misma, la tía de Zack no la escuchó. Romina volvió a mirar su reloj. - Señora, me da mucha pena, pero me voy a tener que ir...
- Está bien Romina, no te preocupes.
- Claro que me preocupo. Si Daniel no hubiera dicho e insistido que veía por Zack yo misma los hubiera llevado desde hace rato.
- No te preocupes, esperamos.
Romina torció la boca molesta, volvió a mirar el reloj y no pudo ocultar la molestia con su hermano. ¿Dónde demonios estaba?
Por otro lado estaba Zack en una silla de ruedas del hospital. Se sentía mucho mejor, de hecho tanto que se había puesto a jugar con las ruedas y azotó más de una vez contra el suelo. Le advirtieron que una vez más que estuviera jugando y lo bajaban. Así que Zack se mantuvo quieto hasta que alguien llegara por él.
Era tan aburrido.
Daniel tenía más de una hora de retraso y ni Romina lo estaba cuidando. Parecía que sus atenciones y cuidados se habían terminado justo en el momento que se paró de la camilla. "Lastima" pensó.
Empezó a buscar formas como entretenerse. Contó los sillones, los azulejos de las paredes, el número de enfermeras, la cantidad de mujeres embarazadas que entraban... se aburrió rápido. En la mesa vio una revista. Estaba a punto de girar la silla para allá, pero un camillero lo malmiró y Zack descartó la idea de moverse. Se le quedó viendo a la revista. Si por lo menos la pudiera hojear, a lo mejor se le quitaría el aburrimiento. O por lo menos dejaría de contar. Si pudiera tener esa revista en sus manos... miró la revista, dio un parpadeo largo y...
Ahora tenía la revista en sus manos.
Zack la tiró. No podía creerlo, miró la mesa y la revista ya no estaba ahí. Esa era la revista que estaba encima. ¿Cómo... cómo...?
- ¿Zack? - Zack alzó la vista rápidamente y notó a Romina mirándolo extrañada. - ¿Qué pasa?
¿Qué le iba a decir? ¿que la revista estaba en la mesa y de pronto en sus manos, que parecio de repente, que fue como...?
- ¿Qué te suecede? Te pusiste pálido.
- Nada, nada, sólo que... ahm... Daniel ya se atrasó mucho.
- Sí, lo sé. - Romina desvió la mirada a la revista tirada y la levantó - no sé dónde esté - le dio la revista. - supongo que se te cayó.
- No, no es mía.
- Pues está muy cerca de ti.
- No es mía. - hizo las manos atras, Romina se dio cuenta. Trató de ignorar el hecho, y dejó la revista en la mesa del centro.
- Yo venía a despedirme, no puedo esperar más a Daniel y tengo que ir a los ensayos.
- De acuerdo. Vete tranquila.
- Hablas igual que tu tía - dijo burlona y sonrió, Zack la imitó, pero aun seguía preocupado. - bueno, entonces luego voy a tu casa ¿ok?
- Ok - Romina le pasó la mano por la mejilla y volvió a sonreir. Zack tomó su mano y ella le dio un beso en la mejilla. Zack no separó su mano y ella tampoco hizo mucho por alejarse. Lo tomó del rostro y le dio un beso en los labios. - Nos vemos al rato. - le guiñó un ojo de forma coqueta, él la soltó y ella caminó contoneante hasta la puerta.
¿Y si deseara lo mismo con Romina así como la revista, aparecería en sus manos? No quiso ni intentarlo, aun sentía cosa por el asunto de la revista. Aunque Romina era un buen alentador.
Daniel apareció veinte minutos después, con muchas disculpas y una enorme sonrisa en la cara que no podía ocultar.
- ¿Qué te pasa?
- Luego te cuento - Zack lo inspeccionó, pero se dio cuenta a que se refería a su tía. Podía esperar.
El camino a casa se hizo rápido. De nuevo todos los semaforos estaban en verde y Daniel no tuvo problema alguno.
- No me va a creer señora, pero siempre que vengo con Zack pasa lo mismo. Es como un amuleto de la suerte.
- Mi sobrino es siempre muy afortunado.
Daniel miró por el retrovisor a Zack que miraba atentamente la ventana. Se notaba distraido y quería saber qué pasaba. También quería contarle lo que pasó con Nicole. Pero mejor lo dejó para después, cuando estuvieran solos.
- Bueno, llegamos. - dijo Daniel una vez que se estacionó frente a la casa de Zack. Zack salió como niño chiquito desesperado por ver su casa. No sabía cuanto la extrañaba.
- No puedo creer que fueron más de dos semanas.
- Siempre es dificil que te levanten - dijo si tía y los tres entraron.
Para Zack parecía que se había ido mucho tiempo, quizás años lejos de su casa, miraba cada cosa y parecía completamente diferente a como la recorbada. Era tan extraño. Los colores eran mucho más intensos. Y casi podía sentir la energía que irradiaba su casa, sus muebles y hasta Daniel y su tía.
Eso era demasiado raro.
- ¿No quieres ir a descansar? - preguntó su tía de una forma que parecía que quien quería descansar era ella.
- Claro. Justo voy arriba.
- Bueno, entonces yo me voy. De verdad disculpen la tardanza no fue mi intensión.
- No te preocupes Cariño - la tía de Zack le dirigió una sonrisa de mamá - bueno, yo también voy a descansar, los dejo para que se despidan chicos - le dio un beso a Zack y subió las escaleras a su habitación. Zack y Daniel la siguieron con la mirada y cuando se perdió de vista Zack miró inquisitivamente a Daniel.
- ¿Qué paso?
- ¿Por dónde empiezo?
Daniel le contó de Nicole y lo que le dijo, claro, agregando y quitando detalles que lo fueran a notar tan penoso como lo fue, y sin dejar fuera su gran sonrisa de oreja a oreja. Agrandó el tiempo de los besos y la intensidad, quitó risas nerviosas y finalmente suspiró esperanzado.
- ¡Pues felicidades! - Zack le dio una palmada en el hombro y Daniel no pudo negar su agradecimiento. - Es un gran avance para Daniel el conquistador. No puedo creer que te esté costando tanto trabajo conquistarla.
- Es un reto.
- ¿Sólo un reto?
- Bueno, sí me gusta, y voy a lograr que yo le guste. Es más, voy a lograr que me quiera. Quien sabe, puede ser que sea ella...
- ¿Que sea ella?
- Sí, tú sabes... ella.
- ¿Ella? "La indicada", "La única", "El amor de tu vida". - dijo en son de burla y Daniel se ofendió. - bueno, ya perdón. ¿De verdad va tan enserio la cosa? - Daniel asintió. - Pues buena suerte, no creo que te cueste trabajo, todas las chicas están locas por ti.
- Ella es diferente.
- Si tú lo dices...
Daniel no se quedó más tiempo, luego de su charla miró el reloj y se dio cuenta de que aun tenía tarea para el día siguiente.
- Luego me la pasas.
- ¿Cuando he dejado de hacerlo? - Y Daniel se fue.
Zack fue a su habitación y fue como reconocerla de nuevo. Otra vez esa sensación de ver todo nuevo. Las paredes, los planos pegado a la pared, la ropa tirada. Quizás el golpe en la cabeza había sido demasiado fuerte que le había movido neuronas de más.
Se tiró a su cama y cerró los ojos. Ya no podía resistirse a no dormir. Tenía que hacerlo. Finalmente sino despertaba dormir era una buena opción. Aunque seguía teniendo miedo.
Giró su cabeza y la ventana estaba con las cortinas corridas. La ventana tenía algo nuevo también. No, no era la ventana, era lo de afuera... Se levantó y abrió. Miró afuera y respiró el aire. Qué raro, hasta el aire era diferente. Quizás la pelota no movió neuronas, a lo mejor las mató.
Vio la luz de enfrente encendida. Jamás la había visto prendida. Se quedó quieto, tratando de mirar del otro lado de las cortinas que le impedían ver a su nuevo vecino. Tuvo un presentimiento. No podía moverse, tenía que quedarse ahí hasta descubrir quién era la persona que vivía ahí. Esperó.
Pasó, bueno, Zack no supo cuanto tiempo pasó, cuando las luces se apagaron. Vaya, parecía ser que quien estuviera ahí no quería verlo. Puso una cara triste, pero cuando estaba a punto de meterse se acordó del suceso de la revista. ¿Y si imaginaba que las cortinas estaban corridas? Así podía ver a su nuevo vecino.
¿Sería indiscreción? ¡Bah!
Cerró los ojos e imaginó la ventana, esa misma ventana que veía, pero sus cortinas se iban corriendo poco a poco. No, si se abrian lentamente se iban a dar cuenta que había algo raro.
- Mejor que se abran rápido - y dicho y hecho las cortinas se corrieron y ahí vio a una persona que lo estaba mirando tan atentamente como él.
Era Nicole.
Ella cayó en cuenta de que él la miraba y rápidamente cerró las cortinas, tenía una cara de furiosa enfadada que no podía con ella. Zack ni se pudo mover. No podía creerlo.
Reaccionó lo que pasaba y se metió rápidamente a su cuarto, corrió las cortinas y se sentó en su cama. Sonrió como niño travieso y sin creer lo que había hecho.
Descubrir que Nicole era su vecina era grandioso, y además todo lo que le estaba pasando era tan extraño...
Como si fuera... magia.
- Les dije que ya no lo esperaran. Daniel es un irresponsable.
- No le digas así Romina, tú hermano es muy responsable.
- ¿Y entonces por qué no ha llegado? No me mal interprete señora, pero mi hermano a veces tiene la cabeza en otro lado y suele olvidar las cosas importantes, como su sobrino.
- Quizás tuvo algún inconveninte.
- O quizás se tropezó con alguien. - se dijo para si misma, la tía de Zack no la escuchó. Romina volvió a mirar su reloj. - Señora, me da mucha pena, pero me voy a tener que ir...
- Está bien Romina, no te preocupes.
- Claro que me preocupo. Si Daniel no hubiera dicho e insistido que veía por Zack yo misma los hubiera llevado desde hace rato.
- No te preocupes, esperamos.
Romina torció la boca molesta, volvió a mirar el reloj y no pudo ocultar la molestia con su hermano. ¿Dónde demonios estaba?
Por otro lado estaba Zack en una silla de ruedas del hospital. Se sentía mucho mejor, de hecho tanto que se había puesto a jugar con las ruedas y azotó más de una vez contra el suelo. Le advirtieron que una vez más que estuviera jugando y lo bajaban. Así que Zack se mantuvo quieto hasta que alguien llegara por él.
Era tan aburrido.
Daniel tenía más de una hora de retraso y ni Romina lo estaba cuidando. Parecía que sus atenciones y cuidados se habían terminado justo en el momento que se paró de la camilla. "Lastima" pensó.
Empezó a buscar formas como entretenerse. Contó los sillones, los azulejos de las paredes, el número de enfermeras, la cantidad de mujeres embarazadas que entraban... se aburrió rápido. En la mesa vio una revista. Estaba a punto de girar la silla para allá, pero un camillero lo malmiró y Zack descartó la idea de moverse. Se le quedó viendo a la revista. Si por lo menos la pudiera hojear, a lo mejor se le quitaría el aburrimiento. O por lo menos dejaría de contar. Si pudiera tener esa revista en sus manos... miró la revista, dio un parpadeo largo y...
Ahora tenía la revista en sus manos.
Zack la tiró. No podía creerlo, miró la mesa y la revista ya no estaba ahí. Esa era la revista que estaba encima. ¿Cómo... cómo...?
- ¿Zack? - Zack alzó la vista rápidamente y notó a Romina mirándolo extrañada. - ¿Qué pasa?
¿Qué le iba a decir? ¿que la revista estaba en la mesa y de pronto en sus manos, que parecio de repente, que fue como...?
- ¿Qué te suecede? Te pusiste pálido.
- Nada, nada, sólo que... ahm... Daniel ya se atrasó mucho.
- Sí, lo sé. - Romina desvió la mirada a la revista tirada y la levantó - no sé dónde esté - le dio la revista. - supongo que se te cayó.
- No, no es mía.
- Pues está muy cerca de ti.
- No es mía. - hizo las manos atras, Romina se dio cuenta. Trató de ignorar el hecho, y dejó la revista en la mesa del centro.
- Yo venía a despedirme, no puedo esperar más a Daniel y tengo que ir a los ensayos.
- De acuerdo. Vete tranquila.
- Hablas igual que tu tía - dijo burlona y sonrió, Zack la imitó, pero aun seguía preocupado. - bueno, entonces luego voy a tu casa ¿ok?
- Ok - Romina le pasó la mano por la mejilla y volvió a sonreir. Zack tomó su mano y ella le dio un beso en la mejilla. Zack no separó su mano y ella tampoco hizo mucho por alejarse. Lo tomó del rostro y le dio un beso en los labios. - Nos vemos al rato. - le guiñó un ojo de forma coqueta, él la soltó y ella caminó contoneante hasta la puerta.
¿Y si deseara lo mismo con Romina así como la revista, aparecería en sus manos? No quiso ni intentarlo, aun sentía cosa por el asunto de la revista. Aunque Romina era un buen alentador.
Daniel apareció veinte minutos después, con muchas disculpas y una enorme sonrisa en la cara que no podía ocultar.
- ¿Qué te pasa?
- Luego te cuento - Zack lo inspeccionó, pero se dio cuenta a que se refería a su tía. Podía esperar.
El camino a casa se hizo rápido. De nuevo todos los semaforos estaban en verde y Daniel no tuvo problema alguno.
- No me va a creer señora, pero siempre que vengo con Zack pasa lo mismo. Es como un amuleto de la suerte.
- Mi sobrino es siempre muy afortunado.
Daniel miró por el retrovisor a Zack que miraba atentamente la ventana. Se notaba distraido y quería saber qué pasaba. También quería contarle lo que pasó con Nicole. Pero mejor lo dejó para después, cuando estuvieran solos.
- Bueno, llegamos. - dijo Daniel una vez que se estacionó frente a la casa de Zack. Zack salió como niño chiquito desesperado por ver su casa. No sabía cuanto la extrañaba.
- No puedo creer que fueron más de dos semanas.
- Siempre es dificil que te levanten - dijo si tía y los tres entraron.
Para Zack parecía que se había ido mucho tiempo, quizás años lejos de su casa, miraba cada cosa y parecía completamente diferente a como la recorbada. Era tan extraño. Los colores eran mucho más intensos. Y casi podía sentir la energía que irradiaba su casa, sus muebles y hasta Daniel y su tía.
Eso era demasiado raro.
- ¿No quieres ir a descansar? - preguntó su tía de una forma que parecía que quien quería descansar era ella.
- Claro. Justo voy arriba.
- Bueno, entonces yo me voy. De verdad disculpen la tardanza no fue mi intensión.
- No te preocupes Cariño - la tía de Zack le dirigió una sonrisa de mamá - bueno, yo también voy a descansar, los dejo para que se despidan chicos - le dio un beso a Zack y subió las escaleras a su habitación. Zack y Daniel la siguieron con la mirada y cuando se perdió de vista Zack miró inquisitivamente a Daniel.
- ¿Qué paso?
- ¿Por dónde empiezo?
Daniel le contó de Nicole y lo que le dijo, claro, agregando y quitando detalles que lo fueran a notar tan penoso como lo fue, y sin dejar fuera su gran sonrisa de oreja a oreja. Agrandó el tiempo de los besos y la intensidad, quitó risas nerviosas y finalmente suspiró esperanzado.
- ¡Pues felicidades! - Zack le dio una palmada en el hombro y Daniel no pudo negar su agradecimiento. - Es un gran avance para Daniel el conquistador. No puedo creer que te esté costando tanto trabajo conquistarla.
- Es un reto.
- ¿Sólo un reto?
- Bueno, sí me gusta, y voy a lograr que yo le guste. Es más, voy a lograr que me quiera. Quien sabe, puede ser que sea ella...
- ¿Que sea ella?
- Sí, tú sabes... ella.
- ¿Ella? "La indicada", "La única", "El amor de tu vida". - dijo en son de burla y Daniel se ofendió. - bueno, ya perdón. ¿De verdad va tan enserio la cosa? - Daniel asintió. - Pues buena suerte, no creo que te cueste trabajo, todas las chicas están locas por ti.
- Ella es diferente.
- Si tú lo dices...
Daniel no se quedó más tiempo, luego de su charla miró el reloj y se dio cuenta de que aun tenía tarea para el día siguiente.
- Luego me la pasas.
- ¿Cuando he dejado de hacerlo? - Y Daniel se fue.
Zack fue a su habitación y fue como reconocerla de nuevo. Otra vez esa sensación de ver todo nuevo. Las paredes, los planos pegado a la pared, la ropa tirada. Quizás el golpe en la cabeza había sido demasiado fuerte que le había movido neuronas de más.
Se tiró a su cama y cerró los ojos. Ya no podía resistirse a no dormir. Tenía que hacerlo. Finalmente sino despertaba dormir era una buena opción. Aunque seguía teniendo miedo.
Giró su cabeza y la ventana estaba con las cortinas corridas. La ventana tenía algo nuevo también. No, no era la ventana, era lo de afuera... Se levantó y abrió. Miró afuera y respiró el aire. Qué raro, hasta el aire era diferente. Quizás la pelota no movió neuronas, a lo mejor las mató.
Vio la luz de enfrente encendida. Jamás la había visto prendida. Se quedó quieto, tratando de mirar del otro lado de las cortinas que le impedían ver a su nuevo vecino. Tuvo un presentimiento. No podía moverse, tenía que quedarse ahí hasta descubrir quién era la persona que vivía ahí. Esperó.
Pasó, bueno, Zack no supo cuanto tiempo pasó, cuando las luces se apagaron. Vaya, parecía ser que quien estuviera ahí no quería verlo. Puso una cara triste, pero cuando estaba a punto de meterse se acordó del suceso de la revista. ¿Y si imaginaba que las cortinas estaban corridas? Así podía ver a su nuevo vecino.
¿Sería indiscreción? ¡Bah!
Cerró los ojos e imaginó la ventana, esa misma ventana que veía, pero sus cortinas se iban corriendo poco a poco. No, si se abrian lentamente se iban a dar cuenta que había algo raro.
- Mejor que se abran rápido - y dicho y hecho las cortinas se corrieron y ahí vio a una persona que lo estaba mirando tan atentamente como él.
Era Nicole.
Ella cayó en cuenta de que él la miraba y rápidamente cerró las cortinas, tenía una cara de furiosa enfadada que no podía con ella. Zack ni se pudo mover. No podía creerlo.
Reaccionó lo que pasaba y se metió rápidamente a su cuarto, corrió las cortinas y se sentó en su cama. Sonrió como niño travieso y sin creer lo que había hecho.
Descubrir que Nicole era su vecina era grandioso, y además todo lo que le estaba pasando era tan extraño...
Como si fuera... magia.
Diferente a los demás
Las chicas en general pensaban que el encanto de Daniel no sólo radicadaba en su físico, sino en algo más que tenía.
Primero su sonrisa coqueta y su guiño que provocaban suspiros incontrolables; después su habilidad en el tenis que generaba admiración en todo aquel que lo veía jugar; la sencillez que lo caracterizaba, su carisma, seguridad y liderazgo que lo hacía tener amigos y seguidores leales. Por eso la mayoría de las personas deseaban estar a su lado, porque estaban seguros que Daniel los contagiaría de su vitalidad y energía.
Daniel estaba acostumbrado a estar rodeado de mucha gente, admiradores, amigos, familia, chicas que lo deseaban, gente que ante sólo una sonrisa caían en los encantos naturales de su personalidad. Todo lo que deseaba Daniel lo tenía sin el menor esfuerzo y eso era gracias a su encanto natural.
Sólo que nadie se explicaba porqué le hablaba a Zack. Él era tan opuesto a Daniel, tan invisible e insignificante que las veces que los veían juntos parecía estar siempre solo. Aunque a Daniel no le interesaba. Lo apreciaba y lo consideraba su mejor amigo desde que lo conoció. Daniel era el único que podía ver en Zack algo más que sólo una sombra y no le importaba la opinión de los demás. Sabía que era su único amigo en toda la escuela (por no decir que en toda su vida) por lo mismo se sentía tan mal de no haberlo visitado tanto cuando estuvo en coma y cuando salió de él.
No había sido a propósito, claro que no, de hecho estaba siempre a un paso de ir cuando le venía a la cabeza aquel beso, aquel rostro anglical, aquella mirada penetrante y aquel delicioso aroma.
No podía dejar de pensar en Nicole.
Por supuesto que no era la primera vez que se enamoraba. Había pasado una larga lista de chicas que le habían llamado la atención, luego que sentía cierta atracción, y claro, había tenido tantas novias como para ser todo un Don Juan, pero jamás las había tratado mal, ni había jugado con alguna de ellas, simplemente que ya estando juntos, jamás llenaba ese algo de su alma que prefería dejar la relación por la paz, siempre hablando con honestidad y un cierto consuelo que las dejaba en los mejores terminos y siendo sus amigas.
Zack le había dicho que eso parecía magia en las palabras, Daniel sólo decia que era ser educado.
Pero Nicole tenía algo que no lo dejaba en paz. Algo tan fuerte que le hacía dar vueltas en la cama, que lo desconcentraba en los juegos, en las clases y practicamente hasta cuando conducía o sólo se quería dedicar a respirar.
Nicole lo tenía hechizado.
Esa tarde tenía propuesto ir con Zack, al fin lo iban a dar de alta y se había ofrecido para llevarlo de vuelta a casa. Así que cuando salió de clase fue directo al estacionamiento, guardó sus cosas y justo al cerrar la cajuela vio a Nicole acercarse a él. Todo en él se volvió una temblorina. Se entrecortó su respiración y tragó con tanta fuerza que le dolió la garganta.
Cerró el puño. Tenía que armarse de un valor que no existía para volver a hablarle con toda naturalidad, con ese encanto que tanto lo caracterizaba, pero que en ese momento había olvidado dónde estaba.
- Hola - Nicole volteó y sonrió con la misma frescura que siempre, tan bella.
- ¿Qué tal? ¿Todo bien?
- Sí... sí ¿tú?
- De maravilla.
Seguía sin entender cómo era posible que ella pudíera irradiar tanta belleza y energía. Pero no dejó que sus pensamientos se alejaran de nuevo. Tenía que concentrarse para poder entablar una verdadera conversación con ella.
- ¿Cómo sigue tu amigo?
- Ah... mejor, ya mejor, gracias.
- Qué bueno - sonrió divertida. Daniel quería despegar la mirada de sus ojos, de sus labios, de sus curvas. - ¿Ya te vas a casa?
- Sí, digo, no. - Aclaró la garganta - Voy con mi amigo, hoy lo dan de alta.
- ¿En serio? Me da gusto.
- Sí...
De pronto silencio. La respiración de Daniel se agitó y sentía que el corazón se le iba a salir.
- Bueno, nos vemos - acto seguido Nicole se encaminó a su coche. Daniel estaba petrificado. La estaba dejando ir. No podía, no quería eso.
- Nicole - la chica volteó - No te vayas.
- ¿Pasa algo?
Daniel mismo se sorprendió cuando empezó a caminar a ella. De la nada recuperó algo de él, de su carisma natural.
- ¿Podrías dejarme comprobar algo?
- ¿Qué? - Daniel la tomó delicadamente del rostro y pudo sentir su frio tacto, pero era como un iman. Nicole no se movió un centímetro y él la besó lentamente.
Nicole se separó de inmediato.
- Daniel, yo…
- No, permíteme - dijo Daniel y la volvió a besar. Nicole sorprendida y divertida a la vez simplemente lo dejó continuar.
Sonrió al terminar de besarla abriendo despacio los ojos, como temiendo despertar de un sueño. La sonrisa timida de antes fue sustituida por una inmensa al ver que ella no lo había rechazado y que estaba allí de frente.
La miró atento tratando de descubrir que pensaba con respecto al hecho, para ver si había disfrutado tanto como él del momento, pero no encontro respuesta.
- Ahora puedes dejarme de hablar, odiarme o abofetearme por hacer lo que hice. Estuvo mal y mi justificación, muy pobre por cierto, es que tenía que robartelo para confirmar, bueno para dejar de estar hecho tanto bolas más bien - miró atento Nicole parecía querer hablar - Por favor Nicole dame chance de terminar - ella disimuló la diversión que comenzaba a generarle el asunto. Las expresiones y palabras revueltas de Daniel, eran simpaticas, además le había gustado la forma de iniciativa tomada por él y estaba ansiosa de saber que más pensaba hacer, podía leer su mente y saberlo claro, pero ahora mismo estaba disfrutando simplemente con al acciones al momento.
- Te vi pasar y me dije: Daniel es el momento abordarla y platica con ella, besarla y descubrir los sentimientos que tienes. Y sí, debo parecerte un completo idiota, ligando, nervioso y hasta demasiado chiflado, estoy peor que niño de secundaria. - sintió que sudaba en frio, pero siguió - Muero por saber lo que piensas, pero también temo regarla más y que no me dejes explicarte todo antes de mandarme bien lejos - tomó aire - Lo cierto es que no sé nada de ti, no sabes nada de mí, bueno de lo único que estoy seguro es que me tienes mal. Tengo la cabeza en otro lado por su culpa señorita Bennett. Se me ocurrió que debo encontrar una solución para este mal, aunque bueno me encanta pensar todo el tiempo en ti, eso no lo negaré, como que en un sentido u otro ha cambiado un tanto mi vida desde que te conocí ¡Vamos! hasta perdí un partido y por una fracción de segundo no me importó, aunque ya me recuperare de eso. Creí que todo sería más fácil hablando pero siento que estoy revolviendolo más. ¡Demonios me desconozco! - Nicole no pudo más y comenzó a reír.
- Lo... lo siento - no podía parar de reír. No recordaba cuando fue la ultima vez que rió tanto. El estómago le dolía pero no podía parar.
Su risa sonaba a canto angelical para Daniel quien nervioso lo único que pudo hacer fue unirse a las risas.
- Aunque sea un idiota me da gusto que cuando menos sigas riendo, nunca creí que fuera posible porque ya eres perfecta pero te ves muchisimo más hermosa que nunca sonriendo.
Nicole respiró profundo y por fin pudo hablar
- No me lo tomés a mal, no me rió de lo que sientes, me rió del revoltijo que has hecho - la sonrisa se le volvió a escapar - me has hecho y te has hecho tantas bolas que ¡cielos! eres tan gracioso. No recuerdo haber reído tanto en toda la vida.
- ¿Entonces no estás decepcionada algo?
- No, no, ¡Estoy halagada de tus sentimientos! sólo que no sabía la capacidad que tenía de causar tanta confusión en alguien.
-¡Fiu! ahroa puedo respirar tranquilo - rió nervioso - ¿no me odias?
- No te odio de hecho me has hecho el día.
Daniel se relajó y la miró más intensamente. A Nicole le gustó la profundidad y seguridad de su mirada.
- ¿Entonces será que tengo derecho a hacer un trato contigo?
- Sugierelo y te diré si hay posibilidades.
- De acuerdo, el trato es el siguiente, no quiero ni seré del montón Nicole. No seré el típico chico que trata de conquistarte y ligarte, a menos que tu quieras. Quiero que esto sea diferente. No negare que me encantas, muero por volverte a besar, estar a tu lado, sin embargo deseo que me conozcas, que seamos amigos y que si tu lo quieres me hagas caso, por primera vez en la vida estoy seguro que quiero estar con alguien en plan de novios, en una relación seria. Nadie me creera cuando lo diga, pero es Daniel de la Reguera quien quiere una relación sería, y él es el que la quiere, no la chica - seguía divertido de él mismo - Sueno ñoño, cursi y ridículo pero en serio nunca había deseado hacer tanto estar con alguien. Y tú me desatas e inspiras tantas cosas que voy a intentar con todas mis fuerzas lograrlo. Que veas que soy la opción y que en la competencia para estar a tú lado no existe nadie mejor que yo.
La tomó de la mano y suspiró.
- Simple y sencillamente quiero que te enamores de mí.
Nicole seguía mirandoló sabiendo exactammente que responder. Se acercó hasta él, comenzó a besarlo de una manera distinta. La sorpresa de Daniel era grande pero rápidamente se aclopó a los movientos de la chica correspondiendo. Sintiendo algo especial que nunca antes había pasado, fuerza, valor, emoción y la sensación que sólo de una cosa estaba seguro, esto era más que simple atracción.
- Me parece que acepto el trato - dijo Nicole sin despegarse mucho de él. Le dio un último beso en los labios y sin parar de sonreir se alejó de él.
De nuevo estaba petrificado, tan contento como nunca antes. La vio partir, pero esta vez no fue para dejarla ir. En cuanto Nicole arrancó su auto y le mandó un beso Daniel, ya solo, no pudo evitar dar un grito de emoción.
Eso era todo. Él necesitaba un rayo de esperanza y ella se lo había dado. Ahora estaba más seguro, confiado, era como su una parte de su alma volviera y no pensaba volverla a dejarla ir.
Estaba seguro, Nicole se enamoraría de él.
Beso frio
Todo lo demás que siguió fueron muchos médicos yendo y viniendo, preguntando cómo se sentía y si había algo que recordara. Obviamente para Zack eso no fue nada fácil. No recordaba nada. Después del beso que le dio Romina había sido como si su disco se hubiera borrado y no recordara nada del sueño que tuvo, excepto las sensaciones que había tenido.
Su tía era la más preocupada y la que más lo mimaba. De pronto Romina se aparecía y desaparecía. Daniel regresó a su lado platicándole lo que había pasado en su ausencia. Para Zack era increible el hecho de haber estado en coma dos semanas. Nadie lo había extrañado ni mucho menos percatado, Daniel le decía que si, pero él bien sabía que mentía.
Las veces que Romina regresaba le platicaba de la obra de teatro. El profesor estaba emocionado por el último ensayo que habían tenido y se estaba esforzando mucho para que saliera todo magnífico. Romina le decía que el profesor la tenía muy checada y ensayando al máximo y que por eso se había alejado de su lado. Pero la verdad era otra que Romina no podía explicar muy bien y por ahora no lo intentaría.
Zack estaba encantado con los tratos que tenía en el hospital. Por primera vez se sentía presente, que nadie lo ignoraba.
- "Que fuera así todo el tiempo" - se decía a si mismo cada vez que una enfermera lo iba a ver o el doctor checaba sus signos. Aunque sabía muy bien que esa vida se acabaría y volvería a ser un Don Nadie como siempre. Sólo gozaría el momento.
No le había quedado el menor deseo de dormir de nuevo, le daba miedo quedar ahí de nuevo sin despertar, por lo que trataba de hacer hasta lo imposible para no dormir. Se ponía a ver la televisión, platicaba con su tía, con las enfermeras, se puso a contar los azulejos del techo e inclusive se pellizcaba cada vez que el sueño se asomaba por sus ojos. El primer día lo pudo evitar muy bien, casi sin esfuerzos, pero el segundo se volvió dificil y el tercero ya estaba demasiado cansado para pellizcarse tanto. Casi a las 3 de la mañana del tercer día Zack perdió la batalla... y se durmió.
Estaba en la sala de una enorme casa iluminada sólo por candelabros que daba una apariencia vieja y elegante. Él se encontraba recargado en una silla mirando fijamente el reloj que marcaba las 7:59 y esperaba que la manecilla llegara finalmente al 12 para que dieran las 8.
- Estoy lista - dijo una voz atras y él volteó justo en el momento en que la campana del reloj anunciaba las 8 de la noche.
Él omitió el ruido de las campanas y miró fijamente a la recien llegada. Era una hermosa mujer de oscura y larga cabellera, con cuerpo escultural y unos hipnóticos ojos azules.Ella le sonrió y él no pudo evitar sentir cómo su estómago lo traicionaba y delataba sus sentimientos. Ella se acercó y le hizo una reverencia que él respondió agachando la cabeza. Ella sonrió diverttida.
- Eso de la galantería no es tu fuerte.
- Es algo que he estado practicando - él la tomó de la mano y la besó. Subió la mirada y le dio el brazo para que ella lo tomara. Así lo hizo.
- Has practicado bien - ambos tomaron camino por la casa.
De pronto el silencio los invadió y él tomó la primera palabra.
- ¿Y?
- ¿Y..? - frunció el entrecejo - ¿"y" qué?
- ¿Cuando nos iremos? - bajó la voz y rozó sus dedos con su mano. Ella se hizo a un lado y endureció la mirada.
- Quedamos en no hablar de eso, por lo menos no aquí.
- ¿En dónde hablaremos entonces?
- En otro lugar. No seas imprudente. - ella adelantó el paso dirigiendose a una puerta. Él la siguió preocupado y entró tras de ella, pero no la encontró. La puerta se cerró detrás de él. Volteó asustado y la vio con una sonrisa pícara. Puso el cerrojo y se acercó a él tomándolo del rostro. - Ya te he dicho que no seas imprudente cariño. Por ahora lo más conveniente es que nadie sepa nada - le rozó los labios sin besarlo. Él pudo oler su aroma, y hasta respirar su aliento era provocador - tenemos que ocultar nuestro amor, pero cuando sea el momento. - lo miró a los ojos - nada podrá separarnos... - acercó sus labios a los suyos y lo único que sintió él... fue frio.
- Zack.
Zack despertó de un brinco y Romina se exaltó.
-¿Qué te pasa? ¿Estas bien? - Zack asintió apenas tratando de asimilar lo ocurrido. Nunca había soñado con esa mujer, siempre había sido otra la de sus sueños y ahora, no quería aceptarlo, pero estaba consternado. -¿Seguro? - Romina lo tomó de la mano y Zack pudo sentir su cálido tacto. Era rencornfortante después de sentir frio. Zack asintió de nuevo y élla trató de no darle importancia.
- ¿Qué haces?
- Acabo de llegar. - sonrió y dejó sus cosas a un lado - sólo que te sentí perturbado y por eso te llamé. Hasta brincaste.
- Tenía... estaba soñando.
- Se notó. - se volvió a sentar en la orilla de su cama y le tocó la frente - ¡Oh por Dios! Estas ardiendo - Zack se tocó la frente y se sintió frio. - Voy a llamarle al médico.
- No - la detuvo a tiempo - sólo tengo frio.
Romina volteó y vio la ventana abierta. Se levantó y justo antes de cerrarla se quedó quieta, como mirando el horizonte.
- ¿Qué pasa? - preguntó Zack.
- Nada - Romina cerró la ventana - lo mejor es que no abras la ventana. - Se sentó de nuevo a su lado y le quitó el cabello de la cara - si dejas pasar al frio, nunca se va a querer ir. - sonrió y le dio un beso en la mejilla. Zack pensó que Romina exageraba. No podía impedirle el paso al frio.
Justo como no podía quitarse la sensación de ese beso frio en sus labios, ni el beso tibio de su mejilla.
Su tía era la más preocupada y la que más lo mimaba. De pronto Romina se aparecía y desaparecía. Daniel regresó a su lado platicándole lo que había pasado en su ausencia. Para Zack era increible el hecho de haber estado en coma dos semanas. Nadie lo había extrañado ni mucho menos percatado, Daniel le decía que si, pero él bien sabía que mentía.
Las veces que Romina regresaba le platicaba de la obra de teatro. El profesor estaba emocionado por el último ensayo que habían tenido y se estaba esforzando mucho para que saliera todo magnífico. Romina le decía que el profesor la tenía muy checada y ensayando al máximo y que por eso se había alejado de su lado. Pero la verdad era otra que Romina no podía explicar muy bien y por ahora no lo intentaría.
Zack estaba encantado con los tratos que tenía en el hospital. Por primera vez se sentía presente, que nadie lo ignoraba.
- "Que fuera así todo el tiempo" - se decía a si mismo cada vez que una enfermera lo iba a ver o el doctor checaba sus signos. Aunque sabía muy bien que esa vida se acabaría y volvería a ser un Don Nadie como siempre. Sólo gozaría el momento.
No le había quedado el menor deseo de dormir de nuevo, le daba miedo quedar ahí de nuevo sin despertar, por lo que trataba de hacer hasta lo imposible para no dormir. Se ponía a ver la televisión, platicaba con su tía, con las enfermeras, se puso a contar los azulejos del techo e inclusive se pellizcaba cada vez que el sueño se asomaba por sus ojos. El primer día lo pudo evitar muy bien, casi sin esfuerzos, pero el segundo se volvió dificil y el tercero ya estaba demasiado cansado para pellizcarse tanto. Casi a las 3 de la mañana del tercer día Zack perdió la batalla... y se durmió.
Estaba en la sala de una enorme casa iluminada sólo por candelabros que daba una apariencia vieja y elegante. Él se encontraba recargado en una silla mirando fijamente el reloj que marcaba las 7:59 y esperaba que la manecilla llegara finalmente al 12 para que dieran las 8.
- Estoy lista - dijo una voz atras y él volteó justo en el momento en que la campana del reloj anunciaba las 8 de la noche.
Él omitió el ruido de las campanas y miró fijamente a la recien llegada. Era una hermosa mujer de oscura y larga cabellera, con cuerpo escultural y unos hipnóticos ojos azules.Ella le sonrió y él no pudo evitar sentir cómo su estómago lo traicionaba y delataba sus sentimientos. Ella se acercó y le hizo una reverencia que él respondió agachando la cabeza. Ella sonrió diverttida.
- Eso de la galantería no es tu fuerte.
- Es algo que he estado practicando - él la tomó de la mano y la besó. Subió la mirada y le dio el brazo para que ella lo tomara. Así lo hizo.
- Has practicado bien - ambos tomaron camino por la casa.
De pronto el silencio los invadió y él tomó la primera palabra.
- ¿Y?
- ¿Y..? - frunció el entrecejo - ¿"y" qué?
- ¿Cuando nos iremos? - bajó la voz y rozó sus dedos con su mano. Ella se hizo a un lado y endureció la mirada.
- Quedamos en no hablar de eso, por lo menos no aquí.
- ¿En dónde hablaremos entonces?
- En otro lugar. No seas imprudente. - ella adelantó el paso dirigiendose a una puerta. Él la siguió preocupado y entró tras de ella, pero no la encontró. La puerta se cerró detrás de él. Volteó asustado y la vio con una sonrisa pícara. Puso el cerrojo y se acercó a él tomándolo del rostro. - Ya te he dicho que no seas imprudente cariño. Por ahora lo más conveniente es que nadie sepa nada - le rozó los labios sin besarlo. Él pudo oler su aroma, y hasta respirar su aliento era provocador - tenemos que ocultar nuestro amor, pero cuando sea el momento. - lo miró a los ojos - nada podrá separarnos... - acercó sus labios a los suyos y lo único que sintió él... fue frio.
- Zack.
Zack despertó de un brinco y Romina se exaltó.
-¿Qué te pasa? ¿Estas bien? - Zack asintió apenas tratando de asimilar lo ocurrido. Nunca había soñado con esa mujer, siempre había sido otra la de sus sueños y ahora, no quería aceptarlo, pero estaba consternado. -¿Seguro? - Romina lo tomó de la mano y Zack pudo sentir su cálido tacto. Era rencornfortante después de sentir frio. Zack asintió de nuevo y élla trató de no darle importancia.
- ¿Qué haces?
- Acabo de llegar. - sonrió y dejó sus cosas a un lado - sólo que te sentí perturbado y por eso te llamé. Hasta brincaste.
- Tenía... estaba soñando.
- Se notó. - se volvió a sentar en la orilla de su cama y le tocó la frente - ¡Oh por Dios! Estas ardiendo - Zack se tocó la frente y se sintió frio. - Voy a llamarle al médico.
- No - la detuvo a tiempo - sólo tengo frio.
Romina volteó y vio la ventana abierta. Se levantó y justo antes de cerrarla se quedó quieta, como mirando el horizonte.
- ¿Qué pasa? - preguntó Zack.
- Nada - Romina cerró la ventana - lo mejor es que no abras la ventana. - Se sentó de nuevo a su lado y le quitó el cabello de la cara - si dejas pasar al frio, nunca se va a querer ir. - sonrió y le dio un beso en la mejilla. Zack pensó que Romina exageraba. No podía impedirle el paso al frio.
Justo como no podía quitarse la sensación de ese beso frio en sus labios, ni el beso tibio de su mejilla.
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